Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 GUIMIEL DE IZÁN (BURGOS)  
Historia, arte y leyenda sorprenden al viajero en su garbeo por el recinto y alrededores de esta villa castellana. En algún pliegue de su pasado reposa la memoria de Beatriz de Avellaneda, una dama enclaustrada por los celos de su marido, el poeta Diego de Sandoval
 Retablo de maravillas
ERNESTO ESCAPA
 En el caso de Gumiel de Izán no puede decirse que su iglesia gótica sea un alarde hueco ydesmedido.En realidad, lo primero que resalta del templo, compitiendo casi en estatura con los pináculos que adornan su torre, es el retablo exterior adosado en 1627 como fachada. El caprichoso viajero que fue Antonio Ponz, a quien se deben tantos ...
  ... dislates en el orden de los juicios estéticos, anotó en su escrutinio que es una portada «tan suntuosa que bastaría para una gran catedral». No está mal para empezar. Este columnario clasicista desnudo de imágenes asoma a la plaza peraltado sobre un atrio que la domina. Una estancia cuidada, en la que conviven rasgos monumentales con buena arquitectura tradicional.
  En la parte baja de la plaza, hacia la torre, se encuentra la casa donde pasó su infancia santo Domingo de Guzmán, el fundador de los dominicos nacido en Caleruega. Aquí estuvo de pupilaje con su tío cura para instruirse.
  En el paseo por Gumiel no faltan atractivos monumentales, pero la imagen de la villa que se acaba imponiendo en la retina del viajero es la que regala el exquisito cuidado de su caserío.
      Retablo de piedra en la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. / REPORTAJE
  GRÁFICO: ERNESTO ESCAPA

  La estructura urbana conserva su diseño medieval y se engalana aquí y allá con espléndidos ejemplos de nobles casonas cuya cantería se entremezcla con viviendas tradicionales armadas a base de adobe y madera. La calle Real y la plaza se convierten en la mejor pasarela para apreciar la espectacularidad de este patrimonio civil.
  Así que la primera impresión del viajero deslumbrado por el retablo retablo de piedra que domina la plaza de Gumiel de Izán no va a quedar defraudada. La carretera que bordea el pueblo ofrece las primeras perspectivas que permiten un cierto dominio del conjunto en el que sobresale la arquitectura del templo. Si en ese momento declina la tarde, la piedra desprende un fulgor rojizo.
  De las murallas poderosas que a mediados del siglo quince abrazaban su caserío apenas quedan unos pocos vestigios. El arco de los Mesones, que es la única de las cinco puertas que se conserva, tiene una inscripción que la fecha en 1786. Cerca se encuentra la ermita de San Roque, de la misma época.
  Es lo más relevante que se puede ver de la vieja fortaleza. En la atalaya donde estuvo el castillo ahora sólo hay ferralla y desbarajuste. Una pared asomada a la carretera se identifica en la cartografía turística como resto de la muralla.
  Pero todo este periplo no es otra cosa que un garbeo para afilar el interés por descubrir los secretos del templo que tanta magnificencia enseña a la calle. Y la
  Guia  
 COMO LLEGAR
La localidad burgalesa de Gumiel de Izán se encuentra a orillas de la autovía, entre los términos municipales de Aranda de Duero y Lerma.
 TURISMO RURAL
En Gumiel de Izán, El Zaguán (teléfono 947 544 141), Botica Gomelia (teléfono 947 544 104), El Zarcillo (teléfono 947 544 136) y La Tina (teléfono 687 228 850).
 DONDE COMER
En Gumiel de Izán, restaurante El Zaguán (teléfono 947 544 141), Mesón de la Villa (teléfono 947561014) y restaurante Gomellano (teléfono 947 544 040).
 VISITAR
Museo Gomellano, en la iglesia de la Asunción (teléfono 947 544 018).

Torre de la iglesia.

verdad es que no defrauda. Porque si deslumbra su fachada, la auténtica joya es el retablo mayor que preside el interior de la iglesia.
  Realizado a comienzos del dieciséis en madera de nogal, resume la vida de Cristo en quince escenas de una riqueza escultórica deslumbrante. Es uno de los retablos más valiosos del gótico tardío y expresa bien a la claras la relevancia de Gumiel en el estreno de los tiempos modernos. Pero el tesoro cobijado por el templo no acaba ahí.
  Desde 1935 alberga el Museo Gomellano, que seguramente es el primero de sus características abierto en nuestra Comunidad uno de los pioneros en España. Sus dependencias muestran diversas piezas salvadas de la ruina del monasterio de San Pedro, así como cuadros, libros, cantorales, platería y buenas tallas. De aquí salió hacia Barcelona el impresor Diego de Gumiel, que compuso la primera edición del ‘Tirant lo Blanc’.
  La cajonera de nogal de la sacristía, también del dieciséis, se adorna con figuras que simbolizan la virtud y el pecado. Entre ellas asoma la tentación carnal de unas brujas enredadas en el frenesí de los efebos.
  RIBERA MONÁSTICA

  Todo el interior del templo, que se visita sin dificultad, invita al deleite del merodeo curioso. El arco de los Mesones es la salida para acercarse a la Virgen del Río, una ermita rodeada de un hermoso jardín. El río es el Gromejón por cuya orilla discurre la ruta de los viejos molinos. Pero esa será senda para otro día.
  Todavía se sostiene el llamado puente romano que salva el menguado curso del Gromejón con el vuelo de un solo arco. Más parece obra medieval. A poco más de un kilómetro de Gumiel está la ruina del monasterio cisterciense de San Pedro, cuyos muros vecinos del río fueron expoliados como cantera durante siglos. Empezó siendo un priorato de Silos adscrito a la regla benedictina. A fines del doce adopta la reforma de San Bernardo dependiendo de la abadía francesa de Morimond. Tuvo siglos de esplendor económico con dominio sobre amplios espacios de Castilla.
  Por eso brota irrefrenable la melancolía ante los muros vencidos, los sillares desalojados y los vestigios de arcos y lucillos. El museo de la parroquia guarda una colección de capiteles románicos salvados de la almoneda que arrasó estas dependencias. Seguramente procedentes del claustro, cuya traza resulta hoy irreconocible.
  Muestran una indudable filiación silense que hace aún más dolorosa la pérdida. Porque toda aquella grandeza ofrece una imagen actual envilecida por el uso de estos espacios monásticos como corrales y tenadas.
  Lo mejor conservado es la muralla que abraza el territorio de la huerta, aunque también muestra melladuras practicadas para entrar con los tractores a la faena. Junto al recinto resiste el molino de San Pedro, perteneciente a la abadía y construido con adobe.
  El domingo después de las fiestas, venciéndose ya agosto, los vecinos suben en romería hasta la ermita románica del Santo Cristo de Reveche, situada a cuatro kilómetros largos del pueblo. Es el mejor lugar para dar remate a la visita. De la torre rectangular brota un ábside dorado por el crepúsculo y bien adornado de canecillos.


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