 |
| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
|
| PALACIOS DE CAMPOS (VALLADOLID) |
|
| Esta villa arrastra el estigma de haber
servido de catapulta para el feroz saqueo de Rioseco por los franceses.
De ahí le vino el declive de sus palacios, la mudanza de apellido
y de provincia e incluso la mengua de su rango municipal a simple
pedanía |
| El tobogán de Napoleón |
| ERNESTO ESCAPA |
| Cuando apenas faltan dos años
y un mes escaso para los doscientos de aquella fatal batalla del Moclín,
que Napoleón mandó grabar en el Arco del Triunfo de
París junto a sus éxitos más decisivos, ya no cabe duda de que Palacios
ha pagado bien caro haber sido lanzadera de las tropas imperiales
que tomaron Rioseco a la hora de comer del 14 de julio ... |
... de 1808. Para abreviar
el balance, es uno de los escasos núcleos de la provincia de Valladolid
que carece del rango municipal. Y eso que comparte el título de villa
con la condición administrativa subalterna de pedanía.
El despojo sucedió a la catástrofe del Moclín, un episodio
bélico en el que el ejército español, con una superioridad de 7.385
efectivos, que se traduce en tres militares por cada dos franceses,
fue derrotado y puesto en desbandada, dejando indefenso Rioseco a
la voracidad del saqueo.
Los datos se recitan pronto, pero hay que mirar el escenario para creerse el batacazo. Las tropas
españolas de Blake estaban
apostadas sobre el páramo de
Valdecuevas, a la izquierda del
mogote del Moclín, dominando
la entrada a Rioseco desde Palencia
y Valladolid, mientras las
de Cuesta guardaban la senda
del Sequillo entre el camino de
Villanueva de San Mancio y la
puerta de Ajújar.
La villa
sin palacios conserva abundantes vestigios de indudable nobleza en
Palacios de Campos, en la provincia de Valladolid. / REPORTAJE GRÁFICO:
ERNESTO ESCAPA
Así que eran más y mejor situados. Los franceses arrancaron
de Tordehumos a las dos de aquella madrugada. A las seis ya estaban
en Palacios, que entonces se apellidaba de Meneses. Como no había
adelanto horario, en ese momento empezaba a amanecer.
La disculpa de los militares españoles que han historiado
el fiasco de nuestros ejércitos consiste en atribuir al contraluz
del sol naciente la emboscada de miles de franceses a pie y a caballo.
Nuestras tropas contaban con la ventaja de disparar desde lo alto,
protegidas por la trinchera natural del páramo.
Sin embargo, dejaron que la caballería francesa tomara
el cerro del Moclín. Desde allí cayeron por sorpresa sobre uno de
los flancos del ejército de Blake provocando la desbandada. Las tropas
de Cuesta, que venían de ser derrotadas en Cabezón, apenas tuvieron
tiempo de maniobrar ante lo que les venía encima. Así que en unas
horas Rioseco quedó expedito para el pillaje.
Todo este relato de la peripecia castrense viene a cuento
para explicar el derrumbe de Palacios, víctima de un par de siglos
inclementes. Antes de aquello su solar había conocido el trasiego
sucesivo de vacceos y romanos y las donaciones medievales, cuando
por aquí discurría la frontera entre León y Castilla.
En el siglo catorce fue behetría, lo que significaba que
sus vecinos tenían libertad para elegir señor, y en 1554 dispuso de
unas Ordenanzas, confirmadas por el emperador, que cuidaban del buen
gobierno de la villa y de la guarda de sus panes y viñas. Sólo cinco
años después de ser ratificadas las de Valladolid.
|
| Guia |
|
 |
COMO
LLEGAR
A Palacios de Campos se accede desde Medina de Rioseco o Palencia
por la CL- 612, y desde Valladolid la N-601.
TURISMO RURAL
En Valdenebro de los Valles,
El Cobijo de la Reina ( 983 722 342). En Ampudia, Posada Real
la Casa del Abad ( 979 768 008 ), Atienza (979 768 076) y Villa
y Corte ( 979 768 632). En Valoria del Alcor, El Alcor (983
399 137).
DONDE COMER
En Montealegre, Posada la Casona (teléfono 670 679 569). En
Ampudia, Arambol (teléfono 979 768 008) y El Mesón de Ampudia
(teléfono 979 768 921). En Medina de Rioseco, Pasos (983 7010
02), El Portazgo (teléfono 983 7011 58), Asturias (teléfono
983 700 746) y Castilla (teléfono 983 700 078). |
Casa abandonada. |
|
Un lugar
importante.
VESTIGIOS PALACIEGOS
De esa etapa de gloria quedan vestigios en las calles
de Palacios, especialmente entre la plaza de Oriente y la iglesia
de la Antigua y por la calle de la Inmaculada. A la plaza de Oriente
asoman varias casonas, una de ellas con escudo desvaído y rematada
por una chimenea carcomida por los vientos.
Pero ya desde esta encrucijada se atisban arcos de buena
sillería, portadas decoradas con alfiz, dinteles de piedra, volados
aleros mudéjares. Los palacios de Palacios. En el paseo por sus calles
menudean las melladuras, los muros de adobe vencido, los entramados
de madera a la intemperie. Y de repente, el arco que enmarca un alfiz
perlado, como los famosos de Ávila, muestra en su hueco la extravagancia
de una puerta de latón. Son las paradojas de la supervivencia a contrapelo.
Los cronistas perezosos siguen describiendo los cuatro
portillos de la vieja muralla y el sólido edificio consistorial que
ponderó Madoz. Hace años que no queda ni rastro. A cambio, en el camino
hacia el teso de la iglesia, llama la atención el discreto Centro
de Convivencia inaugurado hace un par de meses.
La iglesia de la Antigua muestra hacia la cabecera unos
arbotantes calados que permiten la ronda hacia su portada flamígera,
que preside el escudo de los Reyes Católicos con el yugo y las flechas
pero todavía sin la granada. La virgen gótica de su hornacina ya no
está.
Desde el altozano se aprecia en la hondonada la ermita
cuadrada del Cristo de la Vega, del dieciséis, que tiene la doble
puerta de los humilladeros. El resto de templos de la villa fue cediendo
a la voracidad del tiempo.
Así ocurrió sucesivamente con Nuestra Señora del Olmo,
demolida en 1785 para hacer sitio al cementerio, Nuestra Señora del
Castillo, San Pedro y San Roque. No son las únicas pérdidas.
Vale con pasear de vuelta hacia la plaza de Oriente por
la calle de la Inmaculada, en la que resalta el número 8 con un capitel
empotrado en lo alto y más adelante, en torno a la plazuela malograda
por el depósito de agua, una casa en ruina decorada por vestigios
de un alfiz finísimo y otra de porte solariego con una cruz en hornacina.
Hacia Oriente discurre casi inadvertido el arroyo que
baja desde las estribaciones del cerro de la Secosa hacia Meneses.
Cuando Ponz cruzó estos eriales en camino desde Palencia hasta Rioseco
dejó constancia de la carencia de árboles anotando las excepciones
de los jerónimos de Valdebusto, de los bernardos de Matallana y de
«una huerta cerca de Palacios, por donde pasa un riachuelo».
Tampoco en este orden vegetal han mejorado las cosas.
Al otro lado de la carretera que separa el pueblo de las eras asoma
el cono de un chozo de mampostería agobiado entre casetas de labranza
y desechos de maquinaria arrumbada. |
|
|