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| TURISMO RURAL |
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PASTELERÍA ARRANZ
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| Padre e hijo
trabajan codo con codo en este distinguido obrador artesanal amasando
exquisitas pastas, bombones e innovadores postres |
Los pasteles
que le gustan al Rey
ESTHER NEILA
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En
el obrador de los Arranz las máquinas brillan por su ausencia. Las
curtidas manos de Raúl y la creatividad de su hijo Julián son
prácticamente las únicas herramientas de este recogido pero
distinguido taller, de donde sale una interminable lista de pastas,bombones,
turrones, tartas y postres de autor que dejan a la altura del betún
los dulces que habitualmente atestan las estanterías de los centros
comerciales.
Sus modestas instalaciones pasan desapercibidas ante el
ojo del viandante, que se topa, aparentemente, con una pastelería
al uso.Nada más lejos de la realidad, aquí se cuecen posiblemente
los mejores postres de la provincia, que seducen a los paladares más
exigentes. De ahí que los restaurantes de élite de Valladolid confíen
en sus productos para los grandes banquetes. O que muchos clientes
se desplacen hasta Pedrajas de San Esteban (Valladolid) ex profeso
para comprar sus dulces. O que la Casa Real española haya remitido
pedidos puntuales.
«De lo único que podemos presumir es de ser artesanos»,
apunta con humildad Raúl, el padre, heredero de dos generaciones de
maestros pasteleros. Él y su hijo amasan una producción limitada,
que se vende prácticamente antes de salir al mostrador
y que les permite trabajar
controlando cada detalle y mimando
cada nueva hornada. «Queremos
seguir disfrutando del oficio», apunta
el progenitor, consciente de que
podrían incrementar el volumen de
producción dada la demanda que
reciben, pero «hacer piñonadas con
manivela es otra cosa». |
Padre e hijo trabajan
codo con codo para abastecer a prestigiosos restaurantes como el del
Parador de Tordesillas o Bodegas Arzuaga, entre otros, que copan el
80% de su negocio. Por eso, en primavera y verano, cuando se concentran
numerosos banquetes de boda, trabajan sin tregua. Su récord,un
fin de semana sirvieron 17 enlaces. Lo habitual es que cada siete
días saquen cerca de 2.000 postres para abastecer a los establecimientos
con los que trabajan.
Mientras el padre pone la experiencia y tradición que
concede la veteranía, su hijo, de 23 años, aporta la creatividad y
la innovación, y juntos se complementan logrando un perfecto equilibrio.
Alumno del reconocido pastelero barcelonés Oriol Balaguer, Julián
introduce las últimas tendencias de esta dulce gastronomía. Sostiene
un vaso lleno de capas de colores mientras explica su contenido: manzana
verde, mousse de chocolate amargo, galleta de coco, mango y cremoso
de coco, solidificados a base de golpes de frío. Son los postres de
autor o evolucionados, el último grito en repostería. Otro elaborado
con frambuesa, mousse de pistacho, litchi (una fruta asiática con
sabor y aroma similar al de la uva) y agua de rosa para lograr un
atrayente aroma dan cuenta de que sus creaciones no son fruto del
azar, sino de un |

Julián y Raúl muestran
una bandeja de pastas de té y un cóctel dulce, respectivamente,
en el obrador Arranz. / JONATHAN GONZÁLEZO |
laborioso estudio
y numerosos ensayos.
En cuanto a las pastas, su carta está compuesta por
más de cincuenta variedades, algunas más clásicas y otras de composición
inimaginable. Lo mismo ocurre con los bombones, cuya materia prima
es un chocolate importado de Francia, «el mejor del mercado», completado
con sabores peculiares. Por ejemplo, uno de las cuarenta tipos que
elaboran está ‘aliñado’ con una explosiva pizca de peta zeta que
asombra al cliente.
También es variada la oferta de tartas y el llamado
cóctel dulce, una suerte de pequeños pasteles con «tres o cuatro
sabores distintos pero en armonía», detalla Julián mientras pone
un ejemplo: té, piña colada, manzana, yogur y piñón.
Precisamente este fruto, típico de esta comarca pinariega,
es uno de los ingredientes estrella del obrador. Pastas, turrones,
pasteles y bombones están enriquecidos con piñones, pero la máxima
exaltación es un postre compuesto por esta ‘almendra blanca’ en
ocho texturas: mousse, crujiente, crema...
A sus 49 años, Raúl recuerda cómo de pequeño era «de
los que pegaba la nariz en los escaparates de las pastelerías de
Valladolid». Poco tienen que ver aquellos productos de los que ahora
salen de su obrador. «Tenemos que evolucionar », reconoce al tiempo
que confía en el «futuro» que tiene la pastelería y apela a la calidad
de los productos como mejor baza para conquistar a un cliente cada
vez más exigente.
Miembros de la Asociación de Maestres de Cocina de Castilla
y León, aseguran que aprenden mucho de los cocineros. «Ojalá los
reposteros supiéramos vendernos como ellos», confiesan haciendo
autocrítica al sector. A lo largo de su dilatada trayectoria, este
establecimiento ha cosechado importantes premios, entre ellos la
medalla de oro en pastas de té y la de plata en bombones en la Copa
de España de Pastelería de 1999.
Estos días, los turrones ocupan su agenda –que incluye
una gama más moderna con quicos o pipas peladas – de cara a la campaña
navideña que preparan desde hace semanas. Entretanto, Raúl y Julián
planean una mudanza. El actual obrador quedará reservado para la
producción de bombones y mantener el despacho de venta al público,
mientras que en el nuevo local producirán el grueso de sus productos.
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