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| Alma Vinos Únicos reúne en Burgos a 70 pequeños productores de grandes vinos de todo el
mundo en una cita diseñada para acercar a estos bodegueros a sumilleres y consumidores |
Una cita
para los vinos con alma
FERNANDO LÁZARO
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Si
los vinos tienen alma es una cuestión metafísica ‘a priori’ indemostrable,
aunque cada vez son más los bodegueros o enamorados de este
mundo que se pronuncian en estos términos . Pero que quienes los elaboran
sí que la tienen, es una perogrullada que, por obvia, muchas veces
se olvida. Para constatarlo, Paco Berciano y Maribé Revilla,
dueños de la distribuidora...
... Alma Vinos Únicos y de la vinoteca burgalesa
El Lagar, organizaron el martes de esta semana una cita ineludible
para los amantes de los grandes vinos de calidad elaborados en cualquier
rincón del planeta.
Alma está especializada en importar vinos únicos de pequeños
productores de otros países, vinos de culto de producción muy limitada
y que se pudieron degustar, en la mayoría de las ocasiones, de la
mano de sus elaborarores o propietarios.
Este encuentro del vino reunió a un total de 70 bodegas,
la mayoría procedentes de las grandes regiones vitivinícolas de Francia
pero también de Alemania, Portugal, Argentina USA o Alemania, con
el objetivo de acercar los productos y sus productores a los profesionales
de la restauración y amantes del vino. |
Entre los asistentes
había nombre míticos del mundo del vino como Château Angelus, Cos
d’Esournel, Lynch Bages o Prost de Sauternes junto con otros grandes
de Portugal (Quinta do Vale de Dona María y Quinta do Crastro), de
Alemania, Austria (Kracher y Nikolaihof), Argentina (Finca La
Promesa) o el delicado Champagne de Adré Clouet. Junto a ellos, algunos
grandes vinos españoles: todos los de la Compañía de Vinos de Telmo
Rodríguez (socio de Paco y Maribé en Alma), los Bierzos de Raúl Pérez,
Viña Tondonia, el Trío Infernal de Priorat, Can Rafols del Caus...
y una larga lista a la que se sumaban otro buen número de vinos presentes
aunque sus elaboradores no pudieron asistir a la cita: Denis Mortet,
Domaine Larue o los californianos Ridge Vineyards.
El acto se celebró en el Monasterio de San Juan de la
capital burgales, cuyos orígenes se remontan al siglo XI, cuando el
monje francés Lesmes se instaló aquí con el beneplácito de los reyes
Alfonso VI y Constanza de Borgoña.
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Un productor sirve un vino durante
el encuentro que la distribuidora buirgalesa Alma Vinos Únicos
organizó esta semana en el Monasterio de San Juan de Burgos.
/ FOTOS: I.M. |
Diez siglos
más tarde, muchos vinos de esta emblemática zona productora de Francia
de donde era originaria la reina Constanza (Aubert de Villaine, Daniel
Barraud,Denis Mortet, Domaine Larue,...) se dieron cita en este encuentro,
que contó con una importante representación de algunos de los sumilleres
de los restaurantes más famosos de España: Akelarre, Can Roca, Atrio,
Lágrimas Negras, Goizeko Wellington..., quienes pudieron degustar
los vinos y departir con sus elaboradores en el impresionante claustro
renacentista del siglo XVI.
Junto a ellos, enólogos como Gabi Rivero y María Pinacho
de Marqués de Velilla, los responsables de O. Fournier, bodegueros
como los hermanos Óscar y Roberto Aragón, de Cillar de Silos, Javier
Zaccagnini de Aalto y Ossian, periodistas, distribuidores o grandes
aficionados al mundo del vino.
Este encuentro, que fue pionero en el mundo del vino en
España y germen de los que posteriormente han ido apareciendo por
todos los rincones, se programó, en palabras de su promotor, Paco
Berciano, con el objetivo de dinamizar el consumo, promocionar las
casas que representan y acercar la bodega al cliente de a pie.
«Se trata de poner en contacto a los productores no sólo
con el consumidor final, sino con la gente encargada de vender sus
vinos en los restaurantes, y personal que incluso en muchas ocasiones
tiene sus vinos pero que no ha tenido la oportunidad de conocer al
productor, que no ha tenido la oportunidad de discutir con él que
es lo que hay, ese es el objetivo», señaló Berciano.
Por esta razón, la mayor parte del público que asistía
eran sumilleres y responsables de vinotecas especializadas, que sumaron
un total de 500 personas en las instalaciones del Monasterio de San
Juan durante toda la jornada. «Se trata de una cifra razonable y manejable,
que era lo que pretendiamos para que todo se desarrollase de manera
distendida», agregó.
La filosofía del encuentro es la misma que la de la compañía
de distribución: presentar bodegas de pequeños productores que trabajan
ellos su propio viñedo, la figura que los franceses llaman vigneron,
gente que se encarga de cuidar las viñas, que elabora el vino, que
lo vende y que está presente en todo el proceso del vino, desde la
cepa hasta el importador.
«Queríamos alargar este proceso para que estos elaboradores
tuviesen contacto directo con el cliente que les compra el vino en
España», agregó Berciano, quien logró reunir en esta capital castellana
a un granado elenco de almas en torno a unos vinos únicos.
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