Castilla y León
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  ALIMENTACIÓN  
  REPOSTERIA TRADICIONAL
 Margarita Pedrajo dirige desde ‘Trigo Limpio’ un obrador artesanal que ha recuperado este dulce clásico segoviano, elaborado a base de almendra

 La comarca de Riaza rescata su amarguillo
  TERESA SANZ TEJERO

    El amarguillo es un dulce tradicional que con el paso del tiempo se había ido perdiendo. Su fórmula, rica en proteínas y valor energético, ha inspirado numerosas recetas que cada pastelero guarda en secreto. Margarita Pedrajo es una repostera vocacional e ilustrada, deseosa de rescatar aquellos sabores que sólo permanecen ya en el recuerdo del archivo de las recetas perdidas.
   A esta segoviana de adopción que llegó a vivir a Campo de San Pedro hace un cuarto de siglo, le gusta hurgar en los archivos culinarios, y saborear los manjares desde los mismos libros de recetas.
  Hace diez años que abrió su primer obrador de repostería en Campo de San Pedro, una pequeña localidad segoviana que hasta entonces no disponía de pastelería. Desde allí repartía a pueblos cercanos, como Ayllón, donde abrió su segunda pastelería. Ahora, ha montado el tercer obrador en Riaza, en el que trabaja con su hijo, Héctor Sanz Pedrajo y a la repostera tradicional, de corte «clásico», se define, se ha sumado un «pastelero de vanguardia», como dice su madre con orgullo.
  Y es que su hijo ha seguido el gusto por la cocina desde la alta formación. Procedente de la Escuela de Hostelería de Cataluña, acaba de regresar tras trabajar con el tres estrellas Michelín, Joan Roca. A los obradores Trigo Limpio, como se llaman las tahonas de la familia Sanz Pedrajo, les quitan de las manos sus pastas de té (de canela, almendra, cookies o integrales), las tartas y los amarguillos que la han situado en el selecto grupo de Alimentos Artesanales de Castilla y León.

  La pasta blanda de color almendra tostada es uno de los reclamos dulces de sus obradores. Y eso que la delicadeza del dulce exige de buen cálculo para que no se desperdicie ni falte nunca un dulce típico que debe consumirse reciente.
  El amarguillo tiene forma redondeada, y suele adquirir unas dimensiones aproximadas de unos quince centímetros de diámetro y un centímetro de espesor.
  Tienen dulces una consistencia gránulos y un sabor característico conferido por la almendra. Su superficie se presenta ligeramente resquebrajada por efecto del calor y sobre el dulce, se coloca una almendra entera que define la composición del producto.
  El amarguillo se ha venido elaborando en esta zona nordeste de la provincia de Segovia desde hace más de medio siglo. Muchos de los riazanos lo recuerdan como el producto estrella de la repostería del lugar, muy demandado en los celebraciones locales como las romerías de la Virgen de Hontanares. Sucede como en la provincia de León: «se ha elaborado en sitios donde abundaba la almendra », recuerda Margarita Pedrajo.
  Entre las miles de recetas de amarguillos, la fórmula de esta pastelera coge de aquí y de allá, y ha ensayado algunas variaciones hasta hacerse

 Margarita Pedrajo con las manos en la masa inicial de las pastas y amarguillos que prepara el obrador. / FERNANDO PEÑALOSA
propia. Almendra bien seleccionada, azúcar, huevo, un soplo de harina y muy poca mantequilla, son sus ingredientes. «No es un dulce barato porque la almendra está por las nubes, recuerda la pastelera». Quince euros por kilo es el coste del producto típico rescatado y se vende al peso en cajitas de un mínimo de 285 gramos.
  Los amarguillos se elaboran mediante un cuidadoso proceso artesanal, lo que da a la pasta un delicioso sabor y, según los expertos dietistas, unas extraordinarias características organolépticas. Su aporte calórico no excede de las 120 kilocalorías por cada 100 gramos de producto.
  El nombre de amarguillo se debe al amargor característico que posee la almendra. En los orígenes de la elaboración de este dulce, no se seleccionaban las almendras como se hace ahora y siempre caía alguna almendra verde que provocaba el «amarguillo». «Ahora sólo queda el nombre porque el dulce no amarga», señala Margarita. «Con el tipo de almendra tan selecta y bien escogida a mano, es imposible que eso ocurra », señala.
  Para la repostera segoviana el secreto de los amarguillos es la materia prima, que compra fundamentalmente en Pedrajas de San Esteban, la localidad vallisoletana conocida por la fama de sus piñones. La receta utilizada para su elaboración exige de un minucioso proceso que obliga al reposo de la masa para que esta no pierda volumen en el horno. Eso hace que haya que prever con cierta antelación la preparación del amarguillo. «No es un dulce que pueda realizarse con prisa, porque se ha terminado en la pastelería», explica. «La masa tiene que madurar veinticuatro horas en la nevera para que no pierda luego en caliente », añade la repostera. Margarita, tras ensayar con su propia fórmula, ha creado dos tipos de amarguillos, el que emplea yemas de huevo y el que utiliza exclusivamente las claras. La diferencia estriba en que con claras aguanta más, hasta tres días sin endurecerse. Con yema el dulce debe comerse en el mismo día o al día siguiente.
  La recuperación del amarguillo en la comarca riazana ha sido bienvenida y la demanda obliga a Trigo Limpio a preparar dulces a diario. «Es una satisfacción recuperar recetas antiguas que pueden adaptarse a la actualidad y añaden a la cocina de ahora sabores de toda la vida», defiende Margarita que lleva a gala, la inclusión entre sus recetas de postres tradicionales. Del archivo de sabores segovianos consiguió recuperar el amarguillo y sus raíces cántabras paternas la impulsaron a introducir entre sus dulces unas exquisitas pantortillas y quesadas de Reinosa y la capital cántabra.
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