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| ALIMENTACIÓN |
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| DÍA MUNDIAL
DEL PAN |
| Diferenciar un pan rico de un pan exquisito tiene su miga. Una cata comentada exige
afinar vista, olfato, tacto y gusto, por este orden: ver, oler, tocar y comer |
El pan
nuestro de cada día
TERESA SANZ TEJERO
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| Candeal,
bregado, chapata, de miga dura, pan blanco, español... el pan nuestro
de cada día es un alimento básico y cotidiano desde el Neolítico.
Sin embargo, millones de años después de su invención, el pan asiste
a un descenso preocupante en su consumo, fruto de un mito dañino.
«El pan no engorda, en contra de la creencia popular», defienden
los técnicos. Alicia García Quirce es la directora de análisis
sensorial del Cetece, el Centro Tecnológico de Cereales, con sede
en Palencia. Asegura que una barra de peso normal, unos 250 gramos,
no excede de las setecientas kalorías.
El pan corriente, por cada 100 gramos contiene 280 calorías.
«El pan debe ser la base de nuestra alimentación, es rico en hidratos
de carbono complejos, que son la principal fuente de energía de
nuestra dieta y debemos fomentar el consumo de pan porque ha descendido
de forma preocupante y consumimos mucho menos de lo que recomienda
la OMS (Organización Mundial de la Salud)», recuerda.
Este organismo recomienda consumir alrededor de 250
gramos de pan o fibra al día. No llegamos a la mitad. En España
ha bajado el consumo un 30% en los últimos años. Y ello pese a la
variedad de panes que registramos: más de trescientos.
Los estudios realizados por los profesionales del sector
calculan que en el horizonte de los próximos 10 o 15 años, de cada
cuatro panaderías de pueblo, sobrevivirá una; «con mejores medios,
eso sí, y con productos de muy buena calidad, pero el número de
establecimientos va a la baja», señala David Puente Domingo, secretario
técnico de la Asociación Provincial de Panaderos de Segovia.
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Fabricantes de pan y asociaciones
de panaderos tratan de divulgar las bondades de un alimento fácil
de masticar, de tragar, agradable en sus sabores y que aporta una
buena energía para funcionar una jornada entera. ‘Con pan y vino se
anda el camino’, dice el refrán.
La Asociación Provincial de Panaderos de Segovia, que
reúne a 110 profesionales, celebró el pasado 16 de octubre, Día Mundial
del Pan, una cata sensorial de panes, abierta al público, con el objetivo
de enseñar a distinguir un buen pan de otro irresistible.
El pan es un producto natural que debe tener harina, agua,
sal y levadura. Puede llevar masa madre y un poco de mejorana. El
consumidor decidirá, según sus gustos, cuál es el pan más rico o el
irresistible, pero según los técnicos «un buen pan ha de ser crujiente,
agradable, vistoso de aspecto por su color y volumen, con sabor intenso,
típico a pan, y debe acompañar adecuadamente a cada plato».
Así, para acompañar el embutido fuerte, los expertos recomiendan
una chapata auténtica. Para mojar los huevos fritos, dicen que no
hay nada como una barra de flama, y con una tortilla |

Alicia García Quirce,
directora técnica de análisis sensorial, prueba un pan
candeal. / PEÑALOSA PEÑALOSA
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de patata, «¡Con una
tortilla de patata, cualquier pan, bien hecho, esta riquísimo! »,
señala Alicia García Quirce.
Hay tantas variedades de pan que, a su vez, en cada región,
multiplican sus nombres: una variedad de referencias desafía el dicho
de ‘al pan al pan... Que si lechuguino, de rombos, de polea, cuatro
canteros...
La complejidad de los nombres se relativiza en una cata
de verdad, porque se distinguen los panes por la baja, alta o media
hidratación de su masa, sea cual sea su forma.
Con poca cantidad de agua, entre un 40 y un 51%, se sitúan
el pan candeal –el más típico de Castilla y León–, los colines, las
roscas, el bregado, de miga dura o pan español. Todos ellos tienen
baja hidratación. Son panes de poco volumen y alveolado (aspecto de
su miga, cuando se parte la pieza de pan a ser posible con cuchillo
de sierra) fino y homogéneo.
Con agua entre un 53% y un 64%, la barra de flama, la
torta de aceite o la hogaza de León, presentan texturas elásticas
que aún no alcanzan la frescura y humedad que obtienen el pan gallego,
el payés o la barra rústica, con entre un 65% y un 90% de agua: la
más alta hidratación, por eso aguantan más tiempo en mejor estado.
De los panes de Castilla y León, los expertos del Cetece
señalan entre los que mejor aguantan el paso de las horas, el payés
y la hogaza de León: «tiernos al cabo de muchas horas».
La barra de flama, común o de riche, es la pieza más comercializada
en España. Su miga de color blanco cremoso, tiene alvéolos finos y
es un producto esponjoso que se recomienda como «ideal» para bocadillos,
tapas y pinchos. Su sabor, dicen los expertos, es «delicado» y su
maridaje apunta a casi todo: verduras, carnes o huevos.
La chapata tiene un gran contenido en agua y su aspecto
es rústico, con un ligero espolvoreado superficial de harina. Su miga
de color marfil luce alvéolos nada uniformes. Es ligeramente ácido
y aromático y muy adecuado para acompañar platos de pasta, carnes,
ahumados y guisos donde las salsas se dejen untar.
Pero en el pan no todo es la materia prima. Para lograr
la excelencia del producto influye sobremanera el proceso de elaboración.
Un pan hecho en tres horas deja mucho que desear al lado
de un pan hecho tradicionalmente, invirtiendo el doble de tiempo:
«que también significa el doble de sabor », apuntan los expertos panaderos.
De ahí que los panes de masa congelada y rápida preparación no sepan
tan ricos como el pan, pan.
Y una advertencia para aquellos que gustan de comerse
el pan caliente: es indigesto y perjudicial para los estómagos delicados
que tendrán que trabajar mucho más para evitar la acidez que provoca
el almidón cuando aún no se ha enfriado.
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