Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
  MIRANDA DO DOURO (PORTUGAL)  

 La apertura del puente fluvial, hace medio siglo, sorprendió la quietud de su caserío encalado con una avalancha de compradores fugaces y compulsivos. Pero ha sabido preservar intacta su trama de calles empedradas que arropan la orfandad de una catedral sin obispo

 La frontera de granito

ERNESTO ESCAPA
 La antesala de Miranda, por tierras zamoranas de Sayago,no puede ser más grata. Sobre todo, si se toma el rodeo de Pino del Oro. Superado el puente de hierro, la carretera cruza Villadepera, con su molino del cubo y su fuente romana, y un desvío de cuatro kilómetros conduce hasta Villardiegua de la Ribera.Al pie de la iglesia,muy decorosamente puesto...

  ... se encuentra el verraco traído desde el castro de San Mamede que llaman mula. Una casa cercana muestra la cabeza de un perro empotrada en la pared. Estos signos animan a caminar hasta el lugar que ocupó su antiguo emplazamiento, en la misma frontera del Duero y en la vecindad de la imponente Peña Redonda, que es un pedrusco de varias toneladas en permanente desafío al vértigo. La corredera que atraviesa el pueblo conduce, entre prados, encinas y baldíos protegidos por laboriosas cortinas de lajas hincadas, hasta el despeñadero de la Siniestra, en una ruta rayana dominada por el deslumbramiento. Torregamones es lanzadera hacia Miranda do Douro y también vía de acceso a un lugar tan hermoso como recóndito escondido a este lado del Duero: las chiviteras, un paraje que agrupa más de una docena de estas construcciones tradicionales muy bien conservadas, que servían para proteger y dar calor a los chivos recién nacidos. La senda prosigue hasta la caída del Fenoya con sus molinos y atisba el temible Paso de las Estacas, cubierto por las aguas embalsadas, aunque se localiza por los imponentes Costales del Paraíso, que son las paredes de granito que lo escoltan. Hasta aquí llegaban las naves romanas procedentes del Atlántico, como testimonia el hallazgo de una lápida dedicada por Octavio al recuerdo de su esclava Cloutina, fallecida en la hermosura de sus veinte años.

    La catedral de Miranda levanta su estampa clasicista sobre el recogido caserío de la ciudad fronteriza.
  HERMANOS DE LENGUA
  Cerca de Miranda desemboca en el Duero un río portugués llamado Fresno que brota en Constantim, a dos kilómetros de la frontera alistana de Moveros. El Nobel Saramago expresa su perplejidad ante el nombre de este río que discurre por el país del Freixo. Así que lo atribuye a la pervivencia del mirandés, una fala emparentada con el leonés de los repobladores que en esta comarca ribereña ostenta la cooficialidad con el idioma portugués. De hecho, desde hace un tiempo, todos los monumentos de la comarca duplican en sus cartelas la información en las dos lenguas.
  Apenas superado el paso del Duero, en el que Saramago echó su seráfico sermón a los peces, sale a la derecha un desvío que conduce hasta el muelle fluvial. De aquí parten los cruceros ambientales que permiten descubrir los

  Guia  

 CÓMO LLEGAR
Se accede desde Zamora por la N-122, tomando el desvío en Ricobayo por Villalcampo o más adelante por Pino del Oro.
 TURISMO RURAL
En Miranda, Pousada Santa Catarina (273 431 255). En Sendim, La Tenerie (273 738 006). En Villardieguadela Ribera, Posada Real la Muladelos Arribes (980 618 079). En Fresnadillo de Sayago, Posada Real los Vettones (980 611 317).
  DÓNDE COMER
Mirandés (273 431 418): cocina local, a base de arroces, bacalao y postres caseros. Jordao (273 431 359): es el preferido de los mirandeses. Balbina (273 432 394): cocina internacional. Sao Pedro (273 431 321): con sabor tradicional.


Figura escatológica del siglo XV.
Arribes desde dentro y rescatan los escenarios míticos del contrabando. Un convenio repartió el aprovechamiento hidráulico del Duero fronterizo, reservándose Portugal el tramo limítrofe con Zamora. Aguas abajo se suceden las presas de Picote y Bemposta.
  Miranda aparece encaramada sobre la garganta del Duero. A su entrada, una rotonda distribuye a la concurrencia entre el nuevo barrio comercial y el casco antiguo, también saturado de tiendas. A la ciudad histórica se accede por la avenida de Aranda de Duero. Miranda conserva su recinto amurallado casi completo pero no así el castillo, volado en 1762 durante un ataque español. Se ha rehabilitado la torre del homenaje y a su lado luce la hermosa Casa de la Música. La rua Mouzinho de Albuquerque ofrece en un edificio histórico la nueva Casa de Cultura y desemboca en la plaza de Joao III, donde están el ayuntamiento y el Museo de la Tierra de Miranda, que destaca por sus fondos etnográficos. En su centro charlan sin prisa el mirandés y la mirandesa de un reciente conjunto escultórico. Desde la plaza, la rua da Costanilha, que baja hacia una de las puertas de la muralla, guarda la sorpresa de una casa gótica del quince, adosada a la sede de la Universidad de Tras-os-Montes. Sus muros muestran, en la vertiente que mira a España, el descaro de una colección de canecillos obscenos y escatológicos, testigos en piedra de viejos rencores vecinales.
  LA HUIDA DEL OBISPO
  La historia de Miranda va muy unida a su condición fronteriza. Se repobló en el catorce como coto de delincuentes, dentro del cual incluso los homicidas quedaban a salvo de la justicia. A mediados del dieciséis, poco antes de pasar a dominio español en 1580, recibió el título de ciudad y la mitra episcopal.
  Por entonces hubo una curiosa puja comarcal que sembró esta ribera del Douro de templos catedralicios sin obispo. Quedaron muy hermosos los de Freixo de Espada à Cinta y Torre de Moncorvo. A mediados del diecisiete, las luchas de la Restauración que culminarían en 1668 con la definitiva separación de España, contaron en Miranda con la celestial intervención del Menino Jesús da Cartolinha, cuya imagen ataviada con pintoresca y cambiante guardarropía se exhibe en el crucero de la catedral.
  A lo largo del dieciocho la ciudad padeció varios asaltos de los españoles. El ataque de 1762 hizo saltar por los aires el polvorín del castillo con un saldo funesto de más de cuatrocientas víctimas y buena parte del caserío destrozado. Incluso el obispo aprovechó el desconcierto de la tragedia para marchar con su cabildo a Bragança. La catedral refleja en su arquitectura una sobriedad de porte clasicista, mientras los adornos escultóricos son ya barrocos.
  El retablo mayor pertenece a la escuela de Valladolid y exhibe una riqueza deslumbrante. Junto a la catedral se ven los arcos desnudos del abandonado palacio del obispo, un escenario ajardinado que aprovechan los novios para hacerse las fotos de boda. Después de aquella tragedia, Miranda pasó dos centurias en la más absoluta postración y olvido, hasta que la presa del embalse facilitó la apertura de un puente con España, a mediados del pasado siglo, que convertiría sus tiendas en destino de afluencia masiva.

Majas e ilustrados Piedrahíta (Ávila)

El hayedo de Carrales Bezana (Burgos)

El ultraje de las sabinas Castillejo de Robledo (Soria)

El hayedo de la Pedrosa Riofrío de Riaza (Segovia)

Sabor medieval las sabinas Ayllón (Segovia)

Retales de pasión Cea(León)

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