Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
  RIAZA (SEGOVIA)  

 La costumbre relega a Riaza como punto de partida hacia sus alrededores naturales, después de disfrutar unos momentos de sosiego en las terrazas de la plaza o en las sombras del Rasero. Así que la gente pasa y se entera poco de lo que deja al lado

 El albero de la sierra

ERNESTO ESCAPA
 Es verdad que no se trata de una villa que atraiga por sus monumentos, aunque también los tiene. Pero el atractivo más consolidado de este rincón serrano se despliega por su entorno. Después del apogeo que le concedió el tránsito ganadero de la trashumancia, con su mercado e industrias de la lana, supo aprovechar el paso del ferrocarril a Burgos, que antes daba la vuelta por...

  ... Venta de Baños, y más tarde la lanzadera de asfalto de la autovía del norte. El tren de Madrid atraviesa la sierra por Santo Tomé del Puerto y se detiene sin acercarse a la vista de Riaza para girar con el río Serrano hacia Turrubuelo, desde donde busca la travesía del río Riaza, cuyo cañón sobrevuela cerca de Maderuelo.
  El anillo serrano de Riaza incorporó hace unos años el aliciente de la estación invernal de La Pinilla, que se suma a los hayedos de la Pedrosa y de la Tejera Negra, al enclave de Hontanares y al circuito de arquitectura tradicional de los pueblos negros y rojos que adornan esta cara de la cordillera. Su caserío urbano muestra un empaque que se atiene a la traza de los siglos. Balcones floridos alegran su semblante remiso a los alardes. En general, las casas del núcleo histórico ajustan su alzada a la armonía de un par de plantas.
  Cela, en su viaje castellano, vio a Riaza como una «villa de calles anchas y empedradas y de casas con airosos balcones de madera». En 1970 recibió la protección monumental de Conjunto Histórico, cuyo alcance tuvo que ampliarse diecisiete años más tarde, porque el acecho residencial amenazaba con asfixiar al núcleo que arropa la plaza Mayor. Esta plaza, con el redondel de albero centrando su extremo más holgado, es un recinto urbano singular. El graderío acomoda sus anillos a la pendiente del terreno, de manera que en la parte más alta alcanza los cinco peldaños. Lo remata un barandal metálico. Alrededor discurre la columnata de los soportales, que combina pies de roble con basamentos silleros, sin que falte, en los rincones más propicios, algún atisbo de capitel.

    Plaza Mayor de Riaza con el ayuntamiento presidiendo el círculo del albero, al que asoman los
    soportales.

  LA PLAZA TRUNCADA
 El escritor viajero Ramón Carnicer detectó la planta de trompo de la plaza, con la punta de la peonza señalando hacia la iglesia. Pero la flecha de este espacio aparece truncada por el edificio consistorial, que se interpone entre el albero y la torre de Nuestra Señora del Manto, quebrando la preeminencia espacial de la iglesia, hacia cuyo reclamo se orientaban las casas con sus miradores y los pasos de las gentes. La Virgen del Manto es la patrona de Riaza, cuyas fiestas se prolongan a lo largo de esta semana, enmarcadas por las romerías populares en la pradera de Hontanares.

  Guia  
 CÓMO LLEGAR
Por la N-110, de Segovia a Soria, a un paso de la A-I, con desvío en Cerezo de Arriba.
 DÓNDE COMER
En Riaza, restaurante El Fogón (921 551 018), Casa Pastor (921 550 283), La Taurina (921 550 105), Casa Marcelo (921 550 320), Casa quemada(921 550 604) y La Ermita de Hontanares (921 125 560).
 TURISMO RURAL
En Soto de Sepúlveda, Posada Palacio de Esquileo(921 125 512). En Villacorta, Posada Real Molino de la Ferrería (921 125 572). En Santa María de Riaza, Mi Reja (659 540 202) y Casa de Yagüe(921 553 308). En Saldaña de A., El Caz del Molino (921 555 186), La Huerta del Cura (921 553 214) y María Luisa (921 553 460). En Grado del Pico, La Senda de los Caracoles (921 125 119). En El Muyo, El Árbol de la Vida y La Tejera Negra (921 125 413).

Torre de la iglesia.
  Es la ocasión para ver con comodidad la iglesia de Nuestra Señora del Manto, un templo gótico con añadidos renacentistas. Si no, hay que pillar las horas de culto o encontrar la Oficina de Turismo de la plaza abierta. En su interior descuella el retablo barroco traído del monasterio vallisoletano de La Armedilla en 1823, al abandonarlo los jerónimos, con siete lienzos de Diego Valentín Díaz que representan escenas de la vida del santo. Una Piedad notable preside la capilla de los Linajes. La torre adorna su remate con la transparencia de una balaustrada de piedra.
  Entre la torre y el albero, el ayuntamiento dieciochesco divide la antigua plaza de los mercados en dos. Su arquitectura apaisada enarbola el campanil de las horas sobre la peineta del reloj. En el escudo municipal boga una trucha. Este salto del río a la heráldica lo atribuye Cela a la fama truchera de Riaza. El caserío circundante que abrocha el albero mantiene un aspecto equilibrado. Llama la atención en el conjunto el herraje de la casona de los Vélez de Guevara, blasonada y con capilla incorporada. En el centro de la plaza, que se aliñó de este modo en 1873, hubo antes un rollo, abatido por el ardor liberal de las Cortes de Cádiz. Lo sustituyó una farola con parapeto para hacer el Tancredo en los espectáculos taurinos y finalmente quedó solo y diáfano el albero.
  LA CAÑADA DE LOS ESQUILEOS
  El trasiego de los ganados por la cañada de la Vera de la Sierra y su parada para el esquileo contribuyó al apogeo de Riaza. Aunque aquellas lanas merinas no iban destinadas a la industria textil local, que debía conformarse con los vellones de los rebaños estantes. Cerca de Riaza pueden verse, rescatadas de su abandono, las últimas reliquias de la Mesta. El palacio de Esquileo de Soto de Sepúlveda se ha convertido en posada de turismo rural. La cañada de la Vera de la Sierra, que se prolonga en la occidental soriana, era la columna vertebral del sistema de comunicaciones trashumantes, que se abrían en abanico desde León a Soria.
  Esta cañada concentra en su recorrido por el pie de monte serrano la muestra más rica del patrimonio mesteño de esquileos y lavaderos, todavía sometido a bastante abandono, sin que falte algún atentado estrambótico, como el de los Ángeles de San Rafael. Riaza llegó a contar con cinco esquileos, un número sólo superado por El Espinar. El lavadero de lana más importante lo construyó en 1720 el duque de Arcos y fue objeto de pleitos con el concejo, preocupado de que los vertidos no contaminaran el abastecimiento.
  Sus vestigios los enterró el apéndice residencial del parque del Rasero, que preside la ermita de San Roque. Otra ermita, dedicada a San Juan, preside con su crucero el norte de Riaza. En el Rasero pastaban los ganados en primavera, se hacía la trilla estival y el Vía Crucis pautado por las estaciones de piedra. Ahora es lugar de recreo campestre, en parte colonizado por instalaciones deportivas. Su conservación detuvo la marea de los chalés.
  El lavado de la lana era imprescindible en la exportación, por razones higiénicas y para rebajar el peso en su transporte. Por eso se concentran los esquileos en este corredor serrano, donde no falta el agua. Los esquileos contaban con auténticos palacios rurales, en los que descansaban los ganaderos controlando la faena. El más llamativo es el de Cabanillas del Monte, declarado Bien de Interés Cultural en 1997, (BIC 97), que conserva el oratorio abierto al rancho donde trabajaban los esquiladores, para que pudieran escuchar la misa sin descansar la tijera. También tiene un balcón arengario de granito, desde el que se mantenía a flote con promesas de mejora el ritmo de trabajo de los esquiladores.

La plaza de los mercaderes Median del Campo (Valladolid) La fiesta del chivo Valporquero (León)
La villa de oriente Ágreda (Soria) La muda del bosque Foncastín (Valladolid)
El castillo de la promesa Almenar (Soria) La cueva de Peñacorada Cistierna (León)
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