 |
| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
|
| MEDINA DEL CAMPO (VALLADOLID) |
|
La llamada por los árabes ciudad de las llanuras, alardea de su condición de villa y conserva
varios edificios que testimonian su esplendor renacentista. Para evitar intromisiones,
exhibe en su escudo esta divisa: «Ni el Rey oficio, ni el Papa beneficio».
|
La plaza de los mercaderes
|
| ERNESTO ESCAPA |
| Medina es un lugar de paso en
el que los estandartes de lo obvio relegan y dejan en secreto algunos
de sus mayores atractivos. La amplitud de su plaza Mayor, que es una
estancia que reclama el desahogo, ha acuciado el instinto intervencionista
de la gente del consistorio y de los urbanistas, que a cada actuación
consiguen empeorar la precedente. La última ocurrencia ha sido ... |
... machacarla
con unas farolas de pesadilla.
Su traza generosa responde a un cruce de cañadas y su
diseño se anticipa varias décadas a la de Valladolid en la fijación
del canon de las plazas mayores castellanas. En realidad, sufrió
antes el efecto devastador de las llamas, que le prendieron en 1520
los realistas por su apoyo a la rebelión comunera. Quedó un espacio
rectangular, con tres lados porticados y en el otro la representación
de los diferentes poderes: la colegiata de San Antolín, los palacios
reales y el consistorio. Un viajero comparó en entonces su estampa
con la de San Marcos de Venecia.
Además de este espaldar monumental, en el que después
de los destrozos de los siglos sobresale la colegiata, la plaza
de Medina regala una imagen estupenda del Castillo de la Mota, quizá
el más hermoso de España. El palacio de los reyes, donde murió Isabel
la Católica en 1504, acogió otros hechos importantes antes de ser
demolido hace ahora cien años. En él nacieron reyes, se reunieron
Cortes y se fijó una moneda única para todos los reinos peninsulares
en 1497. Por entonces era «una casa amplia y labrada con magnificencia
y riqueza», que deslumbraba por el lujo mudéjar de sus decoraciones.
La colegiata de San Antolín se inició a fines del quince,
aunque sus obras se prolongaron durante todo el siglo siguiente
e incluso la portada se puso en el dieciocho. A este momento tardío
corresponde también su capilla de las Angustias, de planta centralizada,
que se atribuye a Churriguera y adorna su bóveda con fastuosas yeserías.
La iglesia tiene planta de salón, con el coro en la nave mayor.
Las sillas se trajeron de los Jerónimos de Guisando. El retablo
mayor, de preciosa factura plateresca, encabeza una colección de
retablos sobresaliente.

Plaza Mayor de
Medina del Campo, con la colegiata de San Antolín y las casas consistoriales
al fondo.
A la plaza asoma el balcón de la Virgen del Pópulo,
que tiene un altar en el que se decía misa los días de feria, para
que los mercaderes no tuvieran que abandonar sus puestos. En la
misma panda está el Ayuntamiento, de mediados del diecisiete, que
se prolonga en la Casa de los Arcos, cuya balconada acogía
|
| Guia |
|
 |
VISITAS
Museo de las Ferias (983 837 527) y Castillo de la Mota (983
811 357). Comer. En Medina del Campo, Continental (983 801 114),
Madrid (983 800 693), Palacio de las Salinas (983 804 450) y
Mónaco (983 810 295). En Matapozuelos, la Botica (983
832 942).
TURISMO RURAL
En Pozal de Gallinas, la Posada del Pinar (983 481 004). En
Rodilana, Velamora (983 816 859). En Fresno el Viejo, La Cañada
(983 863 089). En Torrecilla de la Orden, Tola (983 818 111).
En Nava del Rey, Doña Elvira (983 850 477) y Dos Hermanas (983
850 335). En Sieteiglesias de Trabancos, Casa Calderón de Medina
(983 375 498). En Eván de Abajo, El Granero, El Pajar y La Tarayuela
(983 481 014). |
Palacio del Almirante. |
|
a los canónigos
de San Antolín para contemplar los festejos que tenían lugar en
la plaza. Del palacio Real, que se llama testamentario por las últimas
voluntades de la reina Isabel, no queda gran cosa. Enfrente del
ayuntamiento se encuentra la Casa del Peso, también del diecisiete,
donde estuvo el fiel que establecía el canon de pesos y medidas
en tiempos anteriores del sistema métrico decimal.
ABIERTO LOS DOMINGOS
En este lado de la plaza está el monumento a la letra
de cambio, que incorpora dos rollos de granito de los que cercaban
el solar de los contratos. Los publicistas periféricos llevan muy
mal esta primogenitura mercantil de Medina, que califican de fantasía
y exageración de historiadores intuitivos. No encajan en esta ciudad
de la llanura el esplendor de aquel siglo dorado, que malogró en
parte la tragedia de las Comunidades. El asalto a fuego de la villa
el 21 de agosto de 1520 provocó la quiebra de buen número de sus
mercaderes y estableció un paréntesis de pánico en su prosperidad,
que ya nunca volvería a ser la misma.
En realidad aquel foro que reunía a mercaderes de toda
Europa había empezado a resentirse con el descubrimiento de América,
que empujó el negocio cerca de los puertos de mar. El viajero actual
puede recobrar el ambiente y la riqueza artística de la Medina mercantil
visitando el modélico Museo de las Ferias, instalado en la iglesia
de San Martín, que cubre su capilla mayor con una preciosa armadura
de limas. También puede verse en el museo, después de salvar un
expolio de tintes bochornosos, la estatua orante en alabastro del
obispo de Cuenca Fray Lope de Barrientos.
Junto al cauce encementado y seco del Zapardiel conserva
su dedicación original de mercado el edificio de las Reales Carnicerías,
con tres naves separadas por columnas toscanas. Se concluyó en 1562,
según trazas de Gil de Hontañón. En la tradición ferial de la villa
se inserta el privilegio del mercado del domingo, instaurado en
1870, coincidiendo con un el resurgir que ocasiona la llegada del
ferrocarril. De entonces deriva la costumbre de abrir el domingo
comercios y establecimientos bancarios, pasando el descanso a los
jueves.
De aquel esplendor renacentista quedan varios conventos,
que evocan la estancia de los místicos reformadores, templos tan
espectaculares como el jesuítico de Santiago el Real y un hospital
escurialense, que lleva el nombre de Simón Ruiz, el cambista de
Pradoluengo que organizó el eje financiero entre Medina y Burgos.
Es obra de Juan Tolosa en ladrillo con patio de sillería. Dado el
gasto que iban sumando las obras, el promotor ordenó que se suprimiera
lo ocioso, quedando pelado de ornamentos.
Pero lo más llamativo de la Medina renacentista reside
en el palacio y la casa de campo de la familia Dueñas. El palacio,
que albergó a Carlos V camino de Yuste y cobijó el destierro de
Ensenada, fue vendido en 1916 a los marqueses de Argüeso, que codiciaban
el traslado de su patio y la escalera monumentales para adornar
su residencia de Madrid. Se paró el expolio y desde 1950 cobija
un centro de enseñanza. La Casa Blanca es el único ejemplo en España
de villa renacentista italiana. Se llega por el Camino del Olmo
y su exterior no delata la riqueza decorativa que guarda. La linterna
aparece enmarcada por columnas y vestida con yeserías policromadas,
en las que destacan los motivos mitológicos, con dioses y héroes
arropados por la floresta. El oratorio albergó la Piedad de Juni
que ahora se ve en la Colegiata.
El Castillo de la Mota realza en su asiento la condición
de fortaleza más hermosa de la península. En su entorno se conservan
vestigios de la cerca medieval de Medina. Es obra de la segunda
mitad del quince, fruto de dos impulsos, en tiempos de Enrique IV
y los Reyes Católicos, que la dotan de mecanismos de defensa desconocidos
hasta entonces. Fue archivo de la Corona, depósito artillero y prisión
de Estado. Cuatro siglos de abandono labraron su ruina. El interior
incorpora obra de posguerra, con algunos pastiches de nota. En la
carretera de Bobadilla el balneario de las Salinas realza entre
pinares su estirpe montañesa. |
|
|