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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| ÁGREDA (SORIA) |
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Iglesias, palacios, jardines, conventos y una solitaria fortaleza, que vigila el paso de la historia
por la hoz del Queiles, resumen la memoria fronteriza de esta villa tendida al cobijo
del Moncayo, que seduce al visitante con el embrujo de su herencia mestiza
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La villa de oriente
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| ERNESTO ESCAPA |
| Las calles de Ágreda albergan
el legado de sucesivos esplendores, que tuvieron su asiento en esta
villa oriental, donde la personalidad de Castilla se enriquece con
la vecindad aragonesa. Es la “barbacana hacia Aragón en castellana
tierra” que cantó Machado. Pero el tunante Casanova, que no anota
en sus memorias ninguna conquista ... |
... durante su
gélida estancia agredeña, la maltrata como “prodigio de fealdad
y de tristeza”. Su emplazamiento convirtió a Ágreda en escenario
de luchas, territorio para la más o menos pacífica convivencia de
las tres culturas peninsulares y también lugar de encuentro para
pactos y negocios diplomáticos. Lo que queda de tanto trasiego es
un singular legado cultural, perceptible en aislados restos monumentales
y en sabrosos enclaves urbanos.
Su emplazamiento convirtió a Ágreda en escenario de
luchas, territorio para la más o menos pacífica convivencia de las
tres culturas peninsulares y también lugar de encuentro encuentro
para pactos y negocios diplomáticos. Lo que los siglos nos entregan
como balance de tanto trasiego es un singular legado cultural, perceptible
en aislados restos monumentales y en sabrosos enclaves urbanos.
El barrio morisco y la judería muestran su trazado sinuoso, mientras
las puertas califales, los baños árabes y las fortificaciones evocan
la presencia musulmana.

Arco califal, en
la entrada del barrio morisco de Ágreda.
En las calles de Ágreda, quizá como en ningún otro lugar
de Castilla y León, el mestizaje urbanístico transparenta su carácter
fronterizo, de manera que las pervivencias moriscas conviven con
los monumentos románicos, que en algún caso son conocidos popularmente
como la sinagoga. Más tarde, el esplendor serrano de la Mesta dotó
a la villa de buenos palacios y casonas solariegas, entre los que
sobresalen el ayuntamiento renacentista, con su vistosa galería,
y el solar de los Castejones, en el que las torres de ladrillo aligeran
la solidez maciza y casi escurialense de su traza.
Se puede acceder al casco viejo y tortuoso de Ágreda
bien por la plaza Mayor, que es un recinto espacioso ordenado en
torno a la casa consistorial y observado por la desmedida fachada
neoclásica de los Milagros, bien desde el parque de la Dehesa, que
presagia la vocación vegetal de la villa. En una u otra dirección,
lo aconsejable es dejarse seducir por el embrujo de una trama urbana
misteriosa y singular, salpicada aquí y allá de abundantes motivos
para el asombro. La explanada del templo de los Milagros ofrece
a su izquierda el rumbo de una callejuela que conduce hasta el palacio
de los Castejones, felizmente recuperado para uso cultural.
Merece la pena entrar en su patio de esbeltas columnas
y asomar a la monumental escalinata. A su lado, un arco de fines
del XVI establecía la
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| Guia |
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CÓMO
LLEGAR
Ágreda está situada en la N-122,entre Soria y Aragón,
y es excelente lanzadera para recorrer los pueblos de la vertiente
soriana del Moncayo.
TURISMO RURAL
En Borobia, La Umbría (976 646 332) y El Manubles (976 646 337).
En Cueva de Ágreda, El Vallejuelo (976 646 050). En San
Felices, la Casa de Santos y Anita fuente (975 185 510). En
Trévago, la Casa del Maestro (975 383 106) y la Casa del Secretario
(975 383 089).
DÓNDE COMER
Juani (975 647 216) es uno de los lugares que ningún viajero
debe perderse. El rabo de toro y los platos elaborados con bacalao
y mucha imaginación son sus especialidades. También resulta
recomendable la comida casera del restaurante Comercio (975
647 387). |
Torreón de los Castejones. |
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frontera con el
barrio morisco. Por la calle de las Tenerías abajo, surge con todo
su esplendor la franja de murallas que da vista al río, la arquitectura
popular de los alfoces moriscos y la puerta califal, bien restaurada
y hermosamente dispuesta para gozo del visitante. Este barrio conserva
su trama medieval, menos visible ya en la judería colindante, que
discurre en torno a la calle de los Zapateros.
CORRESPONSAL DEL REY
El Paseo de Invierno aprovecha la solana del río Queiles,
haciendo honor a la tradición vegetal de la villa. Sobre él asoman
los jardines barrocos de los marqueses de Paredes, alzados sobre
uno de los múltiples arcos que jalonan el caserío. La iglesia de
la Virgen de la Peña, la más antigua de Ágreda, es un raro ejemplar
románico, que conserva algunos capiteles y alberga el Museo comarcal
de Arte Sacro. También la torre de San Miguel muestra vestigios
románicos coronados por un remate de almenas. Se encuentra al lado
de la plaza del Mercadal, desde donde se alcanza el convento de
la Concepción, fundado por María Coronel, una agredeña elevada al
rango de venerable, que fue personaje destacado en tiempos de Felipe
IV.
El convento de la Concepción, en la calle de Voz mediano,
ya extramuros, alberga la memoria de la fundadora, una joven visionaria
que ingresó en religión con su madre y hermana y llegó a abadesa
por dispensa papal a los veinticuatro años. Fue consejera del rey,
que la visitó en varias ocasiones y cruzó con ella más de trescientas
cartas. Sin salir de su celda, supo dispensar atinados consejos
al monarca, como la reiterada advertencia de no fiarse de los validos.
Quizá por eso la visitaban también principales personajes de la
Corte, como el conde duque de Olivares y Luis de Haro.
El museo habilitado en el convento exhibe sus obras
de aguja y pluma, estas trazadas con delicada y hermosa caligrafía.
Cuando el conquistador Casanova visitó la villa, acaso contrariado
por la poca fortuna y los fríos que acompañaron su estancia, anotó
en sus memorias una ordinariez sobre la hermosa estampa de Ágreda
y alguna incredulidad sobre el prodigio del cuerpo incorrupto de
Sor María de Jesús. Más o menos, con perdón por repetir la irreverencia,
que si la conservación se debería a la gélida vecindad del Moncayo.
La monja agredeña sostenía sus penitencias con una dieta vegetariana
y llegó a escribir la más famosa de sus obras al dictado de la Virgen.
En el museo del convento se conservan las cartas del rey y los artilugios
con los que se mortificaba el cuerpo: la piedra que usaba como almohada,
la cota de malla y la cruz pectoral que hacían de cilicio, así como
una cruz penitencial de hierro que cargaba sobre sus hombros. Pero
como en la vida no todo son penas, también pueden verse la copa
de oro o el reloj despertador con que la obsequió su regio corresponsal.
Dotada del don de la ubicuidad, la venerable de Ágreda fue vista
simultáneamente atendiendo heridos en la guerra contra los protestantes
o misionando en México, sin abandonar nunca sus penitencias a la
sombra del Moncayo. Javier Sierra la hizo protagonista de su novela
‘La dama azul’ (1998). Si se regresa desde la Concepción por la
calle de los Caballeros, el visitante se sorprenderá con la elegancia
arquitectónica de la residencia conventual de las Agustinas Recoletas,
que ocupa la que fuera casa noble de los Fuenmayor, de fines del
quince. Margarita de Fuenmayor participó en su fundación, aunque
el paso decisivo lo dio el marqués de Falces en 1660. El
arco conopial de la puerta lo enmarca un bello alfiz, adorno que
se repite en las ventanas. |
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