...por el apoyo
de Pedro Fernández de Velasco en la disputa sucesoria del trono
de Castilla entre Enrique II y su hermano Pedro I. El castillo de
Medina se convirtió en centro palaciego de la corte señorial que
los Condestables formaron en las Merindades con los principales
linajes.

Castillo de los
Velasco, habilitado como Museo de las Merindades.
La villa refuerza su condición de capital política y comercial de
las Merindades, como auténtica aduana de las exportaciones de lana
hacia Europa. Luego,
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| Guia |
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CÓMO
LLEGAR
A Medina de Pomar se accede desde Burgos por la CL-629,
que conduce al puerto de los Tornos, con desvío en Villarcayo.
DÓNDE COMER
En Medina, Las Merindades (947 190 822), El Olvido (947
190 001), La Tizona (947 147 466), Linaje (947 190 742), San
Francisco (947 190 933) y Río Nela (947 190 753). En Villarcayo,
Casino (947 131 277), Plati (947 131 015) y La Rubia (947
131 103). En Villalaín, Laín (947 130 284).
TURISMO RURAL
En El Ribero, Posada Palacio de los Alvarado (947 617
033). En Bárcena de Pienza, San Vítores (947 147 002). En
Barcenillas del Rivero, La Torcida (616 514 756). En Salazar,
La Ondina (947 131 478). En Villanueva la Lastra, posada Real
Granja Ribacardo (947 132 307).
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Torre Palacio de los Alvarado. |
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durante la guerra
de las Comunidades, Medina toma partido contra los Condestables,
aliados del emperador, y esa elección marca el comienzo de su decadencia,
en beneficio de Villarcayo. Más tarde, ya en el diecinueve, volvería
Medina a tener un notable protagonismo durante las guerras carlistas.
En 1836, se arregló el castillo y se trazó un tercer recinto terrero
de la villa, convertida en base de operaciones del ejército isabelino.
El castillo es el edificio civil más importante de Medina,
que recibió el título de ciudad en 1894, y acoge el Museo de las
Merindades. Sus torres imponentes encuadran un cuerpo palaciego
más bajo y estrecho. «¡A las altas torres altas / de Medina de Pomar!
/ ¡Al aire azul de la almena, / a ver si ya se ve el mar! / ¡A las
torres, mi morena! ». Son versos de Alberti en su viaje enamorado
por Burgos hacia Laredo, remontando el camino del emperador Carlos.
Después de una remodelación traumática, que no reparó en la nobleza
de determinados vestigios, apenas restan algunas muestras de los
espléndidos frisos de yeserías mudéjares, que combinan adornos y
frases piadosas con la heráldica familiar. En sus cenefas se alternan
los textos latinos con las oraciones árabes: «No hay vencedor sino
Allah o «La gloria es de Allah».
MUSEO DE LAS MERINDADES.
El Museo de las Merindades propone un recorrido por
la geografía, la personalidad jurídica y los orígenes históricos
de la comarca, incorporando piezas arqueológicas, objetos etnográficos,
algunas pinturas e instrumentos audiovisuales. En la visita se pasean
sus dependencias, incluida la terraza de la torre norte, que ofrece
unas vistas espléndidas del caserío y de su entorno. Los frisos
mudéjares, que a un viajero clásico parecieron tapices colgados
de los muros, decoran la sala noble de la primera planta del palacio.
La prosperidad histórica ha dejado en la ciudad del
Trueba abundantes testimonios artísticos y una trama urbana singular.
Pero, a diferencia de tantos otros lugares de nuestra geografía,
su aspecto actual no es un daguerrotipo del pasado, sino que combina,
incluso armoniosamente, el legado de la historia con un importante
desarrollo urbanístico y residencial que la convierten en núcleo
moderno, grato de pasear y bien dotado de servicios. Los propios
medinenses son bien conscientes de la equilibrada dimensión de su
ciudad y así bautizaron como Medinabella el barrio residencial que
recibe al viajero, nada más cruzar el río Nela, todavía con el espanto
en las pupilas ante los destrozos bilbaínos perpetrados en el vecino
Villarcayo.
Medina salpica su trazado con casonas blasonadas y otras
igualmente nobles que pregonan la memoria de ilustres benefactores.
Así, el número 4 de la calle Condestable, donde se anuncia el Centro
de Interpretación de la Casa de los Velasco. El arco de la Cadena
forma conjunto con uno de los ángulos de la cerca, un hermoso edificio
civil gótico, adornado con geranios rojos en sus ventanas, bajo
el que se abre la puerta de Oriente, un pasadizo que da salida hacia
las huertas. El arco de la Cadena cerraba con puertas de roble bien
herradas el acceso a la ciudadela. Ahora exhibe una colgadura de
queja por la insolencia del edificio vecino: «Gana uno, pierde Medina».
Esta vertiente de la cerca, que era la más inaccesible,
exhibe sobre los muros un variado muestrario de galerías, solanas
y miradores en desigual estado de conservación. Algunas construcciones
adosadas a este flanco, sobre el que se abre el mirador de la plaza
Mayor, desvirtúan la hermosa perspectiva. Pero antes de descender
hacia la ronda de Tras las Cercas, conviene recorrer con algún detenimiento
la trama de callejuelas que discurren en pendiente entre la plaza
Mayor y la de Somovilla: Roca Mayor, Laín Calvo, Fernando Álvarez,
Nuño Rasura, Condestable. Somovilla exhibe los restos recuperados
del convento de San Pedro de la Misericordia, que son como la proa
de la vieja villa.
PANTEÓN SEÑORIAL
De la plaza Mayor desciende la calle Fundador Villota
en dirección al monasterio de Santa Clara, que alberga el joyero
artístico de Medina de Pomar. En la plaza, el consistorio celebra
con su porticada modernidad y los murales del salón de plenos el
recién adquirido título de ciudad. El monasterio aparece precedido
por un parquecito muy agradable y forma conjunto con la moderna
Residencia del Rosario, tras la que asoma junto al río Trueba la
torre de la iglesia del Salcinar, con las ruinas del hospital de
la Vera Cruz y con la ermita románica de San Millán. Esta ermita,
recientemente rehabilitada, acoge el Centro de Interpretación del
Románico de las Merindades.
Con todo, la visita al monasterio y museo de Santa Clara
alivia cualquier malestar estético. Está bien restaurado y ofrece
una sensación espléndida. Hay que mirar sin prisas su iglesia, que
resume en los diferentes estilos la sostenida generosidad de sus
benefactores. En ella se muestran los sepulcros de los Velasco.
La capilla funeraria es una réplica del recinto de los Condestables
en la catedral de Burgos. Una sala conventual alberga el magnífico
museo, entre cuyas riquezas destacan la tabla flamenca de la Adoración
de los Magos, la copa del Unicornio guarnecida en plata y portadora
de tibios bebedizos y un magnífico yacente de Gregorio Fernández.
Otras joyas fueron malvendidas y figuran ahora en los fondos de
orfebrería del British Museum de Londres, como la copa de Santa
Inés, de oro esmaltado. El claustro tiene dos pisos de buena traza.
La sala capitular se cubre con un precioso artesonado renacentista.
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