El nobel Camilo
José Cela, que veraneó más o menos de gorra cuatro años
en el pueblo, adonde llegó trasquilado por bocazas desde Las Navas
del Marqués, interpreta la cebra africana de su escudo como una
ingenuidad heráldica, que pinta rayas a la cabra vernácula.
Lo escribe en su viaje castellano: «Cebrero, en español, quiere
decir sitio áspero y quebrado preferido por las cabras monteses».
Luego, para arreglarlo, añade esta copla comarcal: «En Navalperal,
coritos; / en El Hoyo, piñoneros, / y un poquito más abajo,
/ los babosos de Cebreros». En pago de hospitalidad. |
...Viñas Viejas
del piloto Carlos Sainz, y la dehesa de Valsordo, con su ermita
y los puentes por donde discurría el camino imperial. El monte totémico
de Cebreros es El Castrejón, que corona un peñasco de granito. La
leyenda asegura que guarda en sus entrañas una gran bolsa de agua,
para que ninguna sequía alcance a malograr la prosperidad de las
cosechas.

Palacio del Quexigal,
que sirvió como despensa monástica a la corte del
Escorial.
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| Guia |
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CÓMO
LLEGAR
A Cebreros se accede desde la N-403 por la AV-504. Más
abrupto y hermoso es el recorrido de la AV-503, que salva
los puertos del Boquerón y de Arrebatacapas y atraviesa el
barranco del Gaznata.
DÓNDE COMER
En Cebreros, El Castrejón (918 630 044) es cita obligada.
Además, Talín (918630 034), Dracos (918 630 529), La Cuesta
(918 630 327), El Parador (918 631 141) y Las Tinajas (918
630 802).
TURISMO RURAL
En Cebreros, La Abuela Benita (647 752 477) y El Castrejón
(918 630 044). En El Hoyo de Pinares, Casa de las Escuelas
(918 638137). En Las Navas del Marqués, Posada la Flor (918
971 310). En San Bartolomé de Pinares, casa rural El Molino
(920 270 001). |
Casa La Abuela Benita. |
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El
caserío de Cebreros escalona sus atractivos entre la Iglesia
Vieja y el mirador de la picota. Este templo, dedicado a Santiago,
ocupa la parte alta y sus arcadas desnudas acogen el museo dedicado
a Adolfo Suárez y la Transición, que abrió al público el pasado
sábado. La parte más antigua de los restos es la base de la torre,
que Gómez Moreno atribuye a una iglesia anterior, mientras la mayoría
prefiere imaginar como asiento de atalaya.
La iglesia musealizada corresponde al gótico isabelino
y exhibe un repertorio de perlado abulense cuya profusión de bolas
llegó a enfadar al sabio granadino. Dejó de ser parroquia al construirse,
medio siglo más tarde, la iglesia de la plaza, también dedicada
a Santiago. No debe olvidarse que por Cebreros discurre un ramal
jacobeo. Con el nuevo templo, que promediaba el caserío, se evitó
la fatiga de los fieles, obligados hasta entonces a la penitencia
de la cuesta.
SUÁREZ Y LA TRANSICIÓN
Con la desamortización, se convirtió en corral del concejo
y más tarde en cementerio. Luego se habilitó como parque, perdiendo
la arquería de una de sus naves, cuyos sillares se usaron para la
cerca. A la entrada del recién estrenado museo, se reparten los
bustos de los padres de la Constitución, obra Santiago de Santiago,
a quien se deben también las esculturas de Suárez y el Rey, que
reciben al visitante. Con el protagonismo de Suárez, que para eso
es de Cebreros, la muestra recorre el proceso de modernización de
España, desde el Seiscientos al triunfo electoral de Felipe González.
Canciones, escaños parlamentarios, carteles y audiovisuales articulan
el recorrido, que permite apreciar el esqueleto gótico del edificio.
La última estancia se dedica a Suárez, reflejando su trayectoria
desde la infancia en el pueblo a las altas responsabilidades a través
de fotos, medallas y distinciones. Una urna permite a los visitantes
elegir a los tres protagonistas de la Transición.
En el descenso hacia la picota gótica, el remanso de
la plaza da perspectiva al templo monumental, que la tradición atribuye
al Herrera, el arquitecto del Escorial. Gómez Moreno la distingue
como la mejor iglesia de la provincia de Ávila, pero señala su naturaleza
gótica, en la que resalta, entre otros méritos, lo desahogado de
su traza y lo imponente del columnario interior. En este marco,
destaca el retablo mayor, que combina tallas y pinturas manieristas.
Por fuera, el templo tiene poco atractivo.
Entre la plaza y la picota, discurre el callejero de
más sabor, salpicado de algunas muestras algo desvaídas de la antigua
pujanza, cuando Cebreros era posada y aduana en el camino imperial
de Toledo a Valladolid. De aquel esplendor queda memoria en la calle
de los Mesones, donde se dice que abortó la reina Católica, en una
casa poderosamente blasonada. También en antiguas ermitas desamortizadas,
como la del Cristo de la Sangre, y hospitales.
El mirador de la picota alienta la curiosidad de descubrir
los alrededores de Cebreros. La picota es del dieciséis y alza su
columna sobre un asiento de granito, con remate de querubines que
sostienen una pirámide truncada. El paisaje cebrereño dulcifica
su circundo pedregoso con cultivos muy bien cuidados, entre los
que destacan el viñedo, los olivos y frutales.
LA GRANJA DEL ESCORIAL
A la entrada de Cebreros desde El Hoyo, parte la AV-562,
que recorre las vegas del Becedas y el Sotillo. De camino, domina
un puertecillo la gigantesca antena parabólica de la estación de
seguimiento de satélites que protagonizó los informativos de la
temporada espacial, cuando la actualidad pendía del vuelo de los
Apolos. A su caída, aparece majestuoso en sus dominios agrarios
el conjunto de palacio y dependencias monásticas de El Quexigal,
declarado Bien de Interés Cultural en 1991.
La dehesa primitiva se extendía por cuatro provincias
y la atraviesa el Camino Real de Toledo a Segovia. En 1563, la adquirió
Felipe II para los Jerónimos del Escorial, reservándose la corona
la explotación de la madera y su disfrute como coto de caza. Ya
entonces producía vino, aceite, miel y cereales de singular calidad.
Fundado durante la repoblación, contaba con un palacio medieval
y una venta, que Felipe II reformó entre 1578 y 1582.
De las actuaciones levantó planos Herrera: palacio,
ermita, venta, hornos para producir vidrios, y en dos grandes rectángulos
separados por la calle Real y cercados, las viñas y los olivos.
En aquel palacio descansaban con frecuencia los reyes, mientras
se iban ampliando los lagares y bodegas. El conjunto fue desamortizado
a los monjes en el diecinueve y pasó por diversas manos nobiliarias,
hasta recalar en 1927 en los Hohenlohe, que lo tuvieron hasta 1982,
en que lo compró la empresa El Enebro, perteneciente al grupo Eulen
del bodeguero de Vega Sicilia.
Los Hohenlohe transformaron El Quexigal en una lujosa
residencia de recreo, con jardines de Wintuysen, mobiliario de época,
tapices y pintura: Tiépolo, Murillo, El Greco… Un incendio de 1956
malogró buena parte de aquel tesoro. El resto lo subastó Sotheby’s
en 1979, después de una aciaga temporada en que la finca se convirtió
en Safari, con leones y demás animales exóticos. Ahora el aspecto
es magnífico.
No se puede abandonar Cebreros sin acercarse a Valsordo,
donde está el santuario de la patrona en un entorno delicioso. Muy
cerca se encuentra el puente de tres ojos sobre el Alberche, donde
el cabildo de Ávila cobraba 43 maravedíes por cada millar de cabezas
de ganado que lo usaran para el paso. El paseo fluvial nos lleva
a otro paso de un ojo, el de Santa Yusta, propiedad del conde de
Feria.
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