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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 Ávila / Espinosa de los Caballeros  

 Bárbara es una bendita a la que dejan en calma hasta que truena. Los habitantes de este municipio siguen a pies juntillas el dicho y, cuando el horizonte se pone penumbroso y farolero, azul oscuro casi negro, corren a la iglesia. No para guarecerse, sino para campanear sin más. Se supone que antes la pedían protección, hoy simplemente notifican a los despistados que caen gotas de agua. Antes de fin de año, vuelven a incordiar a la santa: el 4 de diciembre celebran su onomástica.

 El lenguaje de las campanas

 FERNANDO DEL VAL

Visitar Espinosa supone acercarse a un lugar en que la llanura es algo más que simplificación máxima de la orografía: hay humildad del destino rural, familiaridad en el carácter y decoro espiritual…
  … en las costumbres. Por la caridad entra la peste y, también, las donaciones. Alfonso VIII donó este pueblo a los Templarios, también llamados Caballeros, y, de paso, lo bautizó. El perímetro lo forman corrales sucesivos cerca de los cuales viven animales sueltos, como en una canción de Ñu. Gatos, ocas, gallos y cerdos no valoran la libertad debido a nunca han luchado por ella. Algún perro atado los mira celoso.
  Las casas son pocas y humildes. Los propietarios de las de abolengo compraron piedra caliza para su construcción. Los afloramientos de este tipo de roca comenzaron a ser explotados por la zona en la Edad Media. En paralelo, el adobe es perceptible en las viviendas más llanas.

    La iglesia muestra un equilibrio entre su fabricación mudéjar y el ábside de sillería que la envuelve en románico.
  Estamos en un pueblo alejado de capitales –Segovia, Ávila y Valladolid quedan a noventa, cincuenta y noventa y cinco kilómetros, respectivamente-. El mayor núcleo urbano potente es Arévalo. Igual que, en la moda, la imagen llega a ser no tenerla, lo más interesante de la fisonomía de Espinosa es que, aparentemente, no es interesante. Sus casas son una cura de humildad, un poner los pies en el suelo de la belleza. El confinamiento es otra característica.


  Guia  

 CÓMO LLEGAR
 Espinosa está a cuarenta y cinco kilómetros de Ávila. Se sale por la autovía A-51 para continuar por la carretera nacional 403. Se pasan Santo Domingo de las Posadas y Pajares de Adaja antes de tomar la A- 6 en sentido norte.
 DÓNDE COMER
 Restaurante La Pausa, en la carretera kilómetro 169, a menos de mil metros de Espinosa de los caballeros.
 TURISMO RURAL
 En Pajares de Adaja: Las Adoberas, en Paraje de las Adoberas (920 302 461) y Las Adoberas II y III, en la calle Pocapena, 75 (920 201 194). En Adanero: La sastrería, calle Veintiocho de junio, 25 (920 307 158) y Las Hazañas, en la Plaza Mayor, 4 (655 099 974).


Capitel con dos aves cruzadas por la cola.

Como en los casos de Órbita y Gutierre Muñoz –un nombre que parece con falta de ortografía-, la autovía A- 6 lo desplaza de visitantes despistados.
  Esta zona abulense se halla contaminada por la arquitectura segoviana. Un ejemplo de ello es la teja dispuesta a canal y la propia iglesia, que lo vale todo. Su advocación es a San Andrés.
  Para emparentarse a la muerte encubierta, los árboles se secan y enmarcan la soledad rodeados de un césped que parece de estadio. Tiene alta consideración debido al equilibrio entre su fabricación mudéjar y el ábside de sillería que la envuelve en románico. Buena parte de los capiteles están rotos, pero, entre los discernibles, destaca uno de dos aves cruzadas por la cola. Por lo que respecta a los canecillos dispuestos por el alero, las representaciones suelen ser animales, con monos y lobos, entre otros. Originariamente de tres naves, la construcción del templo se remonta al siglo Doce.
  Su torre alterna verdugadas de ladrillo y mampostería. La parte superior del campanario –de estilo mudéjar- está enladrillada y los vanos representan el tránsito del medio punto románico al apuntado del gótico. El retablo mayor es del Trece con un San Andrés del mismo siglo. Al lateral, un Cristo de gran tamaño. Contrasta la calma de su rostro con la tensión de sus miembros. Este esquematismo es habitual en las piezas del primer Medievo.
  Ejemplo soberbio de románico participado en piedra. Se teme que la cabecera se desmorone si no llegan unas prontas tareas de reparación. El ejemplo inmediato está a mil quinientos metros: Órbita, donde ya sucedió. La cabecera tiene dos columnas exteriores, una ventana achaflanada y una corona de canecillos con demonios y seres acuclillados.
  CASI CENTENARIO
  Segundo Pérez Serra tiene noventa y dos años y una vida llena de penalidades. Nació en Martín Muñoz de las Posadas –Segovia-, a trece kilómetros, y se casó en Espinosa a los veintitrés años. Ha venido a pasar unos días con su yerno, que va a hacer matanza. «¿No les interesa una casa?», pregunta retórico entre risas. «Se venden muchas; casi todas están cerradas».
  Lo chocante es que, según Segundo, la veintena de habitantes ronda los sesenta años, «o menos », un dato que contradice la suposición fácil de que es un lugar sentenciado con población envejecida. Asegura que, en el interior de la iglesia, hubo figuras barrocas pero «algún listo se las llevó para hacer negocio». «No hay gente dispuesta a vivir aquí de continuo, pero en Madrid también hay mucha hambre y eso que existen muchas casas. De aquí a cuatro años se pondrán las cosas peor. Pero en todos los sitios, ¿eh?». Lo sabe porque vive en la capital desde los sesenta años, cuando marchó a trabajar al Puente de Vallecas.
  Lleva cuatro años viudo -«A mi mujer le dio un infarto y me hizo una putada»- y rememora su periplo cuando la guerra: estuvo en Brunete, en el Sáhara, y hasta cruzó el charco. «Pasé tres días en Estados Unidos y alguno más en Colombia y en Uruguay. No sé leer ni escribir. Me intentaron enseñar el abecedario en Somosierra, un compañero dibujaba las letras en la nieve. Por suerte no pegué ni un tiro. Yo iba de asistente, para limpiar las botas».
  Conserva intacta la cabeza, sabe a cuántos kilómetros están Ávila y Segovia a las que iba a pie y en bicicleta a vender las naranjas que compraba en Valladolid-, pero también en qué ciudades nevó hace unos días y que en Haití ha habido una tragedia. «Nunca he tenido dinero y si lograba un trozo de pan lo partía en dos». El espíritu responsable del trabajo callado habita en él ejemplarmente.

El piedemonte se convierte en mirador Espirdo / Segovia

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