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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| SEGOVIA / El Chorro |
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| La altura esbelta de
los pinos resalta donairosa en el piedemonte. Los árboles se asemejan
a lanzas que buscan pinchar las nubes y derramar el algodón
líquido que contienen. Lo que ocurre es que, en el extremo, en vez
de hallar una punta, hallamos la copa. Parece mullida, pero, en verdad,
aglutina cientos, miles, de puntas más. Eso sí, rompibles. En los
días caliginosos del invierno aprovechan la niebla para cubrir su
radiografía de silbido. La teoría los presenta de hasta veinticinco
metros. Aquí parecen de treinta y cinco, seguramente por la disposición
en que fueron plantados. |
Sudor en piel de
granito FERNANDO
DEL VAL
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Estos pinos no están
de pie, están de
puntillas. Son como
árboles-seta, su parte
superior casi en forma de
paraguas, pero más
rectilíneos y verticales. La
exigua copa es un
sombrero clavado en el
tronco. Este, lleno de…
... ramas secas y cortas, acaba en
un monte raso semi arenoso por el
que, saliendo del sendero, dan ganas
de internarse. El pinar, debido
al responsable uso de su madera,
tiene un cincuenta por ciento más
de población de la que había hace
cien años. Para una correcta explotación
es obligado plantar un
ejemplar antes de cortar otro. |
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Si
somos obedientes y hacemos caso de las señales, iremos sentido sur
rodeados de helechos. Una fuente precede un puente de madera que sirve
para acceder a la parte final del recorrido. En ella, el agua resbala
por una pared de granito muy pulida. Esta cascada pasa por ser la
más hermosa de la Sierra de Guadarrama. Antes de acumularse en la
poza, han transcurrido ochenta metros de roca.
A la derecha espera una escalera por la que con un poco
de cuidado se llega a la corona. Desde ella observamos el origen de
la efusión. En realidad, la espita no es el posterior río Cega, que
viene por el oeste. Afluye a él. Encima de El Chorro hay un camino,
llamado Majaelcarro, por el que se alcanza, en cuestión de mil metros,
un segundo mirador.
El Cega es un coto de pesca indicado mediante señal que
muere en unas canalizaciones abiertas. Llenan de agua las piscinas
naturales horadadas al comienzo del camino en piedra berroqueña. En
total, el reguero de papel metálico secciona en dos mitades el parque
y da de beber a unos árboles, los pinos, con poca sed. Aunque la época
mejor para verlas llenas se intuye el invierno, es en verano cuando
rebosan. Las lluvias dejan agua, pero, durante las estaciones frías
no se desvían porque no hay personas dispuestas a bañarse. Su frío
hace que en la misa época estival haya que meter los pies con cuidado.
El desnivel aproximado son ciento cincuenta metros, para
concluir en una cota de mil quinientos metros sobre el nivel del mar.
Las tirolinas y demás juegos infantiles están construidos en el sector
Este. También hay un par de bares-restaurante y varios merenderos.
MARTINETE ÚNICO
El lugar fue colonizado
durante el desarrollismo español. En comparación, ahora está casi
deshabitado. Sólo en comparación, porque siguen yendo las familias,
parejas y solitarios caminantes. En la época de mayor afluencia es
preferible acudir de lunes a viernes. La idea de enclavar un área
recreativa parece ser que procede del antiguo Icona.
A menos de un kilómetro de Navafría, prefijado por señales,
reside el último martillo hidráulico de Europa. Todavía bate cobre.
Está al lado del río Cega, para recibir el agua con que mover la maquinaria.
Al final del proceso –al lado hay fragua, carbonera y taller- se consiguen
braseros y calderos de cobre. Está declarado Bien de Interés Cultural
y se puede visitar durante todo el año. |
| GUIA |
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CÓMO LLEGAR
Hay que tomar el desvío en la carretera que llega al
puerto de Navafría e internarse en el pinar. A dos kilómetros
nos topamos con una caseta y el centro recreativo. La zona
de aparcamiento tiene espacio para doscientos cincuenta turismos.
En verano hay que pagar 4 euros por dejar el coche desde las
diez de la mañana a las ocho de la tarde. Es posible llegar
a pie, siguiendo las indicaciones, desde Navafría.
PUNTO DE PARTIDA
Perfectamente distinguible una vez en el complejo. A
continuación del aparcamiento y a la izquierda del merendero
se abre un sendero que conduce al chorro que da nombre a la
ruta. |

Un retazo de agua cae por la roca en El Chorro. |
DURACIÓN
Ida y vuelta superan por poco los dos kilómetros. En
media hora estaría hecho el sendero y en otra media la vuelta,
pero los acondicionamientos del lugar aconsejan ir para pasar
algo más de tiempo y disfrutar de las instalaciones. Si se
escoge la opción de emprender el camino en Navafría hay que
sumar casi sesenta minutos. En total, puede llegar casi tres
horas. |
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