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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| VALLADOLID / Embalse de la Espina |
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| Las estribaciones de
la cordillera cantábrica son el vientre silencioso del río Bajoz.
De su curso, ensanchado por los afluentes Retortero y Daruela,
saca partido el pantano de la Espina. Tencas verdiblancas y majuelos
olorosos viven, dentro del agua y en la superficie, ajenas al mundo.
Los contextos del pantano amanecen abrazados a encinas y quejigos
capaces de romper cualquier atonía del paisaje. Su curso muere cuando
vierte sus aguas al Duero, pero, para eso, todavía queda. El camino
permite pasear el verde guarnecido de los Montes Torozos y meter los
pies en el agua. |
Reconversión
recreativa del regadío FERNANDO
DEL VAL
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El embalse del río,
así como las acequias y los pozos, fue edificado por una antigua
institución denominada Concentración Parcelaria para regar el valle.
Esta función de servir de alimento líquido para las tierras de alrededor…
… cayó en desuso –básicamente porque, a pesar de lo
abultado que resulta, logró secarlo varias veces a mediados de los
ochenta. Hoy no es más que un paraje natural donde interrumpir el
ritmo estresado de la vida. El oído y la vista te informan de que
hay fochas y cormoranes.
El sendero está bautizado indistintamente por la localidad
La Santa Espina y el río Bajoz. Mejor, en todo caso, que el viejo
nombre, Cavestany, procedente del ministro de Agricultura de la
época. Para acceder a él lo propio es dejar el coche en las inmediaciones
del monasterio y caminar por la larga pared que cerca sus propiedades.
Una vez terminada la muralla nos topamos con un depósito empedrado
de forma curva. Es el momento de cruzar la carretera e internarse
por un camino de tierra que ya no abandonaremos hasta el embalse.
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En
piedras y postes de luz, la flecha amarilla indica al caminante. A
más de la mitad del camino se hacen visibles los arcos de lo que parece
un puente y, luego, no es más que una acequia. En un ensanche hay
un segundo arsenal de piedra. De ahí al final, unos cientos de metros.
La ladera, tan suave que no se aprecia, está tupida por
los endrinos cuyas espinas quieren recordar la que cobija el monasterio
de dos claustros del que hemos salido. El hecho de que este monte
hubiera pertenecido al convento fundado en el siglo Doce por la infanta
doña Sancha fue crucial para preservarlo de la deforestación que produce
la presión demográfica: los terrenos se usaban para el cultivo y la
ganadería. Felipe III declaró al monasterio Sitio Real. Y hasta se
libró de las desamortizaciones practicadas a partir del Diecinueve.
También hay algún que otro molino abandonado que parece
dispuesto por un hábil diseñador de espacios abiertos y pretensiones
arcaicas. Este monte fue cobijo de bandoleros y monterías y lo es
de jabalíes, zorros y halcones. El embalse tiene sesenta mil metros
cúbicos. En ellos nadan a braza las carpas, las serpientes dotan a
la balsa de aceite de alguna que otra ola y los galápagos salen a
tomar el sol. La mitad primera es un coto de pesca –recomendando para
tirar la caña los meses de verano-; la segunda, una zona de protección
de aves acuáticas.
GALLIPATOS
El gallipato es una curiosa especie del lugar. Es un anfibio
que tira a reptil y vive en aguas lentas y represas. Durante el día
se esconde por la maleza y es en la noche cuando aprovecha para salir
a pasear y comer. Se alimenta de moluscos y larvas. Es inofensivo
y está en regresión –sólo se halla en la península y parte de Marruecos-,
por lo que resulta importante desanzuelarlo si resulta pescado por
equívoco. |
| GUIA |
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CÓMO LLEGAR
Hasta Santa María de la Espina, localidad del municipio
de Castromonte a poco más de cuarenta kilómetros de Valladolid
capital, se llega tomando sucesivamente: la salida hacia Zaratán
por la N- 601, la VA-510 y la VP-5004. Se cruzan: Villanubla,
La Mudarra y Castromonte.
PUNTO DE PARTIDA
Monasterio de la Santa Espina. Unos cuatro kilómetros
de pista llevan al dique del embalse siguiendo, en sentido
noreste, el curso del río. La ruta está señalizada. Al cabo
de kilómetro y medio caminando al abrigo de la muralla, sale
un desvío de tierra. Para llegar a él es preciso cruzar la
carretera. |
A medio camino se divisan los arcos de lo que parece un puente
pero sólo es una acequia. |
DURACIÓN
El recorrido, de escasa dificultad, se puede aumentar,
bajando previamente a la Granja de La Espina. Si no, se tarda
tres horas en llevar a cabo los ocho kilómetros.
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