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| EL CAMINO DE SANTIAGO |
HITO
A HITO
Santiago el Mayor, el hijo de Zebedeo, el
hijo del trueno, boanerges, Diego, Jaime, Jacobo, Yago (Sayago),
el protomártir, el apóstol, el patrón, el matamoros, el peregrino.
Santiago es uno y muchos a la vez, pues a lo largo de su biografía
y de su hagiografía, de sus hechos probables e inciertos, de sus
apariciones y embozos, su ascendencia y culto entre los santos de
la cristiandad le tornó proclive a la mudanza y la proliferación. |
Los muchos santiagos
del Camino
LUIS GRAU LOBO
Al principio Santiago era uno más entre los apóstoles,
que solía llevar cabellera y barba poblada, vestir túnica y, en
ocasiones, sujetar una espada, símbolo de la forma de su suplicio,
la degollación... |

Santiago de Santa Marta de Tera, en
Zamora, con el sencillo morral que exhibe la concha venera. |
...
Pero el espectacular desarrollo del fenómeno peregrinador, los muy
variados y prolijos textos biográficos y apologéticos sobre él y
la devoción que despertó en Occidente explican la abundancia de
las representaciones del mayor de los hijos de Zebedeo, y la variedad
de sus atributos, así como los numerosos soportes o contextos histórico-artísticos
en que fue efigiado.
Sin duda que su imagen más original y querida es la
que lo hace un peregrino común. Aunque, muy posiblemente, la representación
más antigua que se conoce de la imagen de Santiago ataviado como
peregrino no esté precisamente en el Camino francés. Así aparece,
hacia el segundo cuarto del siglo XII, con su bordón asido en la
diestra, amplia túnica escotada y escarcela o zurrón al que se ha
cosido una venera o concha de peregrino, emblema distintivo y protector
que no deja lugar a la duda, en el lateral de la portada sur de
Santa Marta de Tera, en el norte de la provincia de Zamora. Esta
iconografía pudo derivar inicialmente del pasaje neotestamentario
sobre los peregrinos de Emaús, y por ello el propio Cristo camina
con un zurrón también jacobeo (con venera) en una esquina del claustro
románico de Santo Domingo de Silos (Burgos). También figura nuestro
peregrino apostólico en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.
Todos ellos fuera de la ruta francígena: ¿Se trataba precisamente
de atraer peregrinos a estos lugares, marginales respecto al camino
más utilizado, por medio de estas imágenes, reclamos nuevos de una
efigie inédita? La iglesia zamorana (como la burgalesa y la ovetense)
intentaba «engancharse» al fenómeno caminero mediante la insistencia
en la figura peregrina y su promoción como centro asistencial gracias
a los milagros curativos de la santa Marta de Astorga, sanadora
del emperador Alfonso VII y patrona del templo. La pieza, que inicialmente
no estaba ubicada aquí, se enfrenta a otro Apóstol (quizás Pedro)
poniendo en paralelo de manera intencionada dos grandes santuarios
de la cristiandad: Compostela y Roma.
Pero fueron casos de excepción, pues durante toda la
Plena y, particularmente, en la baja Edad Media, Santiago se nos
presenta , más bien de manera híbrida, como «Apóstol- Peregrino».
El tipo habitual durante los siglos XIII al XV es un Santiago que
mezcla sus amplios ropajes apostólicos con algún detalle alusivo
a su carácter caminero, como suele ser un sombrero de amplio vuelo,
que en ocasiones dobla su ala para acoger la concha del pecten jacobeus,
un blusón amplio y el robusto bordón en que se apoya. Así es frecuente
encontrarlo en |
numerosos relieves
y portadas de los templos del Camino, como en la Catedral de León,
uno de los ejemplares más bellos. Durante el siglo
XVI, sin embargo, la iconografía santiaguista se vuelca hacia la faceta
romera del personaje, abundando en el atavío y los emblemas de ese
carácter tan caro a la sensibilidad popular como a la de poderosos
comitentes. Sin embargo, la depuración contrarreformista reconduciría
estos «excesos» hacia un rigor icónico más acorde con su principal
título, el de Apóstol, como así dejan sentado intérpretes del espíritu
trentino en sus explicitaciones teóricas (Jean Molanus, por ejemplo,
recomienda limitar para Santiago la presencia de bordón, venera y
espada como atributos canónicos). Mientras tanto,
otras iconografías más o menos abundantes, entre las que se encuentran
los episodios de su leyenda, frecuentemente seriados en los retablos
de su titularidad, compiten entre sí. Para el caso español destaca
la relevancia del belicista «matamoros », figura hoy políticamente
incorrecta, pero dotada de gran predicamento histórico como símbolo
de la participación legendaria del Apóstol en diversas batallas contra
el Islam hispano, caso de Clavijo, la primera. Convertido el Zebedeo
en principal campeón de las milicias cristianas, otros santos (Isidoro
en León, Millán en Castilla) imitarían su pose de brioso jinete encabezando
las tropas que arrasan un campo sembrado de enemigos que caen a los
cascos de su caballo encabritado, en una clara imitación de prototipos
clásicos. Para acabar, entre las muchas «contaminaciones»
que resumimos, destaca la relacionada con Santiago el menor, hijo
de Alfeo, confusión acreditada e incluso provocada en la historiografía
compostelana de la Edad Media, pues es la cabeza de éste y no la del
Zebedeo la que se guarda allí, como reliquia principal. Santiago,
ese laberinto. |
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