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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| BURGOS / Desfiladero de las Palancas |
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| Alguna reunión de pastores
dejó una res abandonada a su suerte. El cadáver picassiano, corvo,
descoyuntado, con la boca entreabierta y algo de lana, es
un obstáculo más que afrontar en el curso de la senda, cuando todavía
el paseante no ha surcado las aguas como por una tarima, igual que
el basilisco. La quijada produce un último grito sordo y los ojos
sin órbita del animal recuerdan que nos encontramos en un lugar salvaje,
donde las alimañas podrían, por qué no, hacer acto de presencia. No
hay nada que temer, peores fieras hay con traje y corbata o en vaqueros
por la calle. Y sin la cortesía del baladro que a éstas las anuncia. |
Caminar por encima
de las aguas FERNANDO
DEL VAL
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El camino va pegándose
al río, en diagonal, hasta que se hace completamente paralelo. En
un momento prescrito por la enorme grieta que los tiempos han formado,
y el agua escogido para amansar la corriente…
... que frenan las piedras, no hay otra que abandonar
la tierra y pasar al agua. Los dos caminos se han unificado. Uno
aporta la piedra; el otro, el líquido. Si la tierra es firme, el
agua también.
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Las
curvas del trayecto evitan ver el final de este túnel sin techo
que es el desfiladero de las Palancas. Las paredes se aproximan
formando un pasillo abrupto y húmedo por el que hay que saber pisar.
Los cantos son el estímulo seco para ir saltando con red. La cavidad
es una salida que ha escogido el río montañoso para dar de beber
al sediento en los pueblos.
El cajón representa el premio de la ruta, aunque esta
vez no llega al final en cualquiera de las formas o la arquitectura
suele presentar. Esta vez el postre se toma a mitad de camino. Antes
y después de la depresión, continúa el sendero con tramos más cordiales.
Hemos partido de Lándraves, abandonándolo en descenso hacia el río
Trifón. Para tomar la ceñida travesía del arroyo que remontaremos
en seguida hay antes que superarlo. A partir de entonces La Serna
será un conjunto de flechas que guiarán el resto de vereda.
DOS PESCUEZOS SEGUIDOS.
Hasta el encajonamiento hay como quince o veinte minutos
de trecho amable. El desfiladero espera agazapado para dar permiso
de entrada. No será la primera vez que un visitante ha de recular
y tomar regreso. Si la garganta da el visto bueno, queda una segunda
y, tras ésta, más de un kilómetro todavía. Entre una y otra, algunos
rápidos y saltos. La segunda hoz consiste en doscientos metros con
paredes de cien metros de altura.
Antes de llegar Munilla, un pueblo con nombre de apellido
de prelado vasco, queda una pradera adornada por explotaciones ganaderas
y un cruce a barrera. Munilla tiene una interesante iglesia románica
y viste una sábana y arrastra una cadena. Cosas de la despoblación.
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| GUIA |
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CÓMO LLEGAR
Lándraves está a 91 kilómetros al norte de Burgos. Hay
que tirar recto por la N-623 hasta que se abre, al este, la
BU-V-5741.
PUNTO DE PARTIDA
Desde Lándraves remontamos el arroyo de La Serna por
zonas de paseo entre las cuales se encuentra la estrecha garganta
que da nombre a la ruta de senderismo. El paseo muere en Munilla,
un pueblo al que no hay acceso directo por carretera. |
Llegado el momento no queda otra que
pasar por el agua, tan firme como la tierra. |
DURACIÓN
Una hora. La estimación del recorrido es 3.150 metros.
El recorrido no es circular pero, para volver donde hemos
dejado el coche, hay que desandar y duplicar el tiempo y la
distancia.
PRECAUCIÓN
La dificultad es media. Las épocas de lluvia y/o deshielo
añaden interés al sendero, pero también lo complican. Durante
los meses estivales, el cauce del arroyo es inferior. Pero
tanto que puede llegar a desaparecer o restar rendimiento
al estrecho.
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