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 EL CAMINO DE SANTIAGO

 HITO A HITO VILLALCÁZAR / Palencia
 Pese al nombre propio que lo identifica, el Camino siempre fue hospitalario con las devociones a los muy diversos santos y reliquias que amparaban el paso de los peregrinos con su estela de imágenes, cultos, tradiciones y milagros, convirtiendo su traza longitudinal en una urdimbre de leyendas y figuraciones. Y cuando el cuerpo del apóstol comenzó a ser insuficiente reclamo para los romeros, se acudió en auxilio de la ruta convocando a los más selectos embajadores. Así sucedió en pleno gótico, época en que una nueva espiritualidad urbana, mendicante y humanizada promovió el recelo hacia los densos relicarios del románico, y los sustituyó por una dilección principal hacia la madre de Cristo, la virgen María, protagonista estelar de parteluces, tímpanos, vidrieras y murales como lo fue también de cánticos, poemas y liturgias en estos siglos finales del medievo.

 Santa María de Villasirga
  LUIS GRAU LOBO
  Uno de los mayores monumentos de esta devoción mariana son las conocidas Cantigas de Santa María, compuestas por el rey Alfonso X el sabio y su corte juglaresca en el tercer tercio del siglo XIII, que...


 Estatua de un peregrino frente a la iglesia de Santa María de Villalcázar de Sirga.

  ... atesoran el compendio de música, literatura y miniatura medievales más relevante de su época. Y muchos de estos versos dedicados en galaico-portugués (la lengua de los poetas) a María se inspiraron en los muy diversos milagros que una imagen concreta era fama había realizado a la vera del Camino: la de la iglesia de Santa María la Blanca en Villalcázar de Sirga (Palencia). Así: ‘Romeus que de Santiago / yan foron-lle cantando / os miragres que a Virgen / faz en Vila-Sirga’.
  La fama de la imagen ente los peregrinos de todas las naciones –como los franceses o alemanes que son citados en el texto alfonsino entre variopintos casos de asistencia milagrosa– fue ocasión de una encarnadura monumental, la de la imponente mole que se alza como en un promontorio -¿un alcázar? sobre el caserío de la Villasirga medieval (literalmente ‘villa-camino’). Se trata de un anchuroso templo de tres naves que pasan a cinco en la cabecera, con raro testero plano, cubierta con bóvedas de crucería sobre vigorosos pilares que no llegarían a impedir el derrumbe de algunos tramos a los pies, tal vez durante el terremoto lisboeta (1755), amenaza de ruina aún no conjurada en su totalidad. Aunque con fama previa, e incluso una vaga tradición templaria, su fábrica conservada se adjudica a los años en que fue santuario mariano dilecto del monarca sabio, en torno a la segunda mitad del XIII, y de su compostura se destaca por motivos propios la portada del mediodía, desaparecida la occidental.
  Plena de imaginería gótica, deudora de la escuela acrisolada en la sede burgalesa y cobijada por una bóveda de crucería que la convierte casi en un interior, la portada de Villasirga parece glosar las canciones marianas compuestas en honor de su Virgen, gracias a la cohorte de músicos pétreos que se agrupan en sus arquivoltas o a la dedicación inevitable a la Anunciación a María y la Epifanía de los Magos en el friso que está sobre la puerta. En el registro superior, Pantocrátor, Tetramorfos y

apostolado responden a un canon iconográfico románico, y, en este caso, a la enorme popularidad de la portada de la iglesia de Santiago en la vecina población de Carrión de los Condes.
  En el interior, varias pinturas e imágenes de mérito (incluido un buen retablo jacobita), entre las que se identifica popularmente a la Virgen cantada por el rey Alfonso, en piedra policromada, sobre un pilar de la capilla de Santiago.
  Esta capilla, sin duda, destaca en el conjunto como uno de los mejores repertorios de escultura funeraria gótica del país. Fruto de una ampliación al sur del crucero, en el siglo XIV, e iluminada por un resplandeciente y floreado rosetón que mira al sur, este espacio debió ser escogido por los caballeros de Santiago, tras la encomienda del templo a la familia Manrique, a tenor de los símbolos de la Orden que lo presiden. Sus sarcófagos corresponden al Infante don Felipe, hijo de Fernando III el Santo y hermano y adversario de Alfonso X, muerto en 1274; muy posiblemente a doña Leonor Ruiz de Castro, segunda esposa de este Infante, y a Juan Pérez, caballero de la Orden de Santiago. Los dos primeros son obra del último cuarto del siglo XIII con la efigie de los yacentes ricamente ataviada, acompañada por las típicas escenas de duelo, planto, cortejo y sepelio, aparte emblemas heráldicos.
  La rica policromía conservada y el estilo brillante de los relieves han puesto estas piezas en relación con otros sepulcros (en Aguilar de Campoo) y con la escuela iniciada en Carrión de los Condes y perpetuada en la figura del maestro Antón Pérez. La tumba del caballero santiaguista es obra del segundo cuarto del XIV, con menor exhuberancia formal. Esta capilla de Santiago fortalece, gracias a estas tumbas de auténtica orfebrería en piedra, una vocación muy en consonancia con el culto al Camino y a los personajes que le dieron forma y fama y que quisieron seguir peregrinando a su vera tras el final de sus días.
El horizonte del peregrino
Palabras para el Camino
Final de un camino sin fin
Archivo Camino Santiago
       
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