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 EL CAMINO DE SANTIAGO

 HITO A HITO LEÓN / San Miguel de Escalada
 Construida sobre un asentamiento prerromano de los siglos IV y V, la pequeña iglesia de San Miguel de Escalada es lo único que queda en pie de un antiguo complejo monástico del X. El edificio es el testimonio más contundente y genuino que ha transmitido la arquitectura mozárabe en el Reino de León, crisol de dos importantes caminos: la Vía de la Plata y la Ruta Jacobeas

 Desvíos fecundos
  LUIS GRAU LOBO
  El Camino, ya lo hemos dicho, es un singular colectivo. Si hay tantos caminos como peregrinos, también hay tantos como épocas ha tenido la peregrinación...


 Imagen de la pequeña iglesia de san Miguel de Escalada,

  ... como puntos de partida existen, como sendas más o menos recónditas o principales puedan tomarse.
  Es bien conocido que, antes de que el Camino de Santiago discurriera predominantemente de oriente a poniente, los viajeros usaron, para llegar al Noroeste, una ruta principal que cruzaba la Península desde el mediodía, poniendo en comunicación los dos mundos en que se hallaba repartida desde el 711. Una ruta que, como también haría el camino francés, reavivaba viejas vías romanas y permitía el trasiego de hombres, ideas y formas, enriqueciendo a su paso cuanto de nuevo se levantaba. Por esa ruta de la Plata, ahora senda de la mozarabía, llegaron cristianos que habían vivido en Al-Andalus, respetados por el Islam, pero que en el siglo X conocieron ocasión de forzar esa convivencia y emigrar al amparo de las cortes del norte, donde eran recibidos como los apóstoles de la continuidad con el viejo reino visigodo de Toledo, tan ansiada por los nuevos monarcas, especialmente en León.
  Algunos de estos peregrinos eran clérigos, repobladores de lujo para las tierras del Duero, que se organizaron en comunidades monásticas restauradas a las que se dotaba de un nuevo edificio, de una arquitectura que reivindicaba su herencia clásica y asturiana, pero dejaba entrever el poderoso influjo del arte andalusí. Una arquitectura que, junto a la miniatura de los beatos, se encuentra entre los episodios más originales del arte hispano de todas las épocas, un arte que fue bautizado ya hace noventa años por el maestro Gómez-Moreno con un sonoro aunque contestado nombre: arte mozárabe.
  Y entre estas joyas tan exclusivas de León y Castilla, en un apartado lugar pero no lejos de la ruta canónica, tan desviado de ella como un sendero que se bifurca para ofrecernos la alternativa de un circunstancial y ameno retiro, la pequeña iglesia de San Miguel de Escalada.
  Este templo es lo único que queda en pie del

complejo monástico de entonces, pero se ha convertido en el testimonio más contundente y genuino que nos ha trasmitido la arquitectura mozárabe leonesa. Originado en un previo asentamiento tardorromano de los siglos IV y V, como sucede con muchos otros templos de la primera Edad Media, su epígrafe fundacional alude al patrocinio de Alfonso III El Magno y a la consagración de un nuevo templo efectuada por el santo eremita Genadio el 20 de noviembre del 913. Estamos ante el escenario habitual de la primera repoblación monástica del reino leonés, basada en el apoyo de la corona, una hipotética federación monástica a partir de la regla de San Fructuoso, cuyo guía espiritual es Genadio, extendida desde El Bierzo a Tierra de Campos, y el aflujo de mozárabes sureños. Cristianos de Al -Andalus acogidos en el Reino de León con especial complacencia, pues contribuían a la reedificación ideológica del visigotismo, armazón político del futuro imperium, del que estos inmigrados conservaban frescos memoria y abolengo.
  En el terreno del arte esta renovación se aplomaba sobre sedimentos poderosos, fértiles y variopintos: reutilización constructiva de material antiguo (asequible en el paraje cercano de la ciudad romana de Lancia en este caso), reempleo de piezas arquitectónicas de estirpe goda, ciertos asturianismos e incluso alguna deuda con el arte ultrapirenaico (carolingio en especial) y, sobre todo, a quién debe el arte mozárabe su auténtica personalidad y la definición que lo segrega del cajón prerrománico, el poderoso aliento del arte andalusí, la fascinación de los cristianos del norte por la sofisticada cultura del califato. Una síntesis, al fin, de todos estos elementos que convierte su arquitectura en una nueva y original fórmula, cuyo único tubo de ensayo posible era el Reino de León. Ese reino-crisol de caminos (Vía de la Plata y jacobea, como ejes principales) y, por tanto, de culturas, abierto a los cuatro vientos y ya maduro política y artísticamente tras las experiencias de la monarquía asturiana y su salto al otro lado de la cordillera.
  Descuellan en este conjunto la galanura de su pórtico a mediodía, insólito y grácil como pocos, y el evidente orientalismo del interior, provisto de uno de los mejores conjuntos de plástica relivaria y epígrafes de la antigua Edad Media europea repartidos en canceles, iconostasis, frisos, altares y capiteles que componen un interior difícil de imaginar con las preseas, cortinajes y aderezos litúrgicos que debían de completarlo en su día.
  Más tarde, en época románica se edificarían una torre y una capilla dedicada a san Fructuoso y, todavía siglos después, se añadió a la iglesia una imponente techumbre polícroma mudéjar, de cuando el monasterio era ya tan sólo un priorato aldeano. Una restauración reciente ha pretendido recuperar el contexto del edificio en su entorno natural y en su ruina arqueológica enterrada, aunque Escalada sigue, como siempre, prendiendo en el ánimo del viajero por su estudiada desolación, gracias a la insospechada aparición de sus filigranas a medio camino de las rudas laderas de un cerro abandonado.
El horizonte del peregrino
Palabras para el Camino
Final de un camino sin fin
Archivo Camino Santiago
       
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