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| EL CAMINO DE SANTIAGO |
HITO
A HITO LEÓN / San Marcos
Tres son las construcciones que el Camino alumbró
con un empeño monumental: iglesia, hospital y puente. En
muchos lugares nos encontramos ejemplares señalados de los tres,
y en ocasiones conjuntados en armoniosa y significativa reunión
histórica. Uno de ellos, quizás señero entre todos, es San Marcos
de León. |
Trilogía
caminera
LUIS GRAU LOBO
Lejos (entonces) de la
ciudad, estación
principal de la ruta, el
paso por el río Bernesga vía
poniente debió ser ocasión
para un puente muy
anterior, único, pero el que
conservamos es versión
dieciochesca, del siglo en... |

La fachada se abre en un gran pórtico
con crucería que sostiene un balaustre. |
...
que se repararon vías y carreteras.
Por su parte, el enorme complejo conventual de San Marcos
de León, debe su grandeza a haber sido la sede principal de la Orden
de Caballería de Santiago para el Reino de León. Hoy día constituye
el mejor ejemplo del arte del Renacimiento en la provincia, pero
su edificación se remonta a la Edad Media (de la que nada conservamos),
culminó en el siglo XVIII (imitando el estilo renacentista) y fue
muy alterada por la edificación del Parador nacional en la década
de los 60.
Todo comenzó con la donación de unos terrenos en 1152
por parte de la Infanta Doña Sancha, ya entonces junto al puente
de los peregrinos, destinados a la construcción de una iglesia,
convento y hospital que veinte años después pasarían a la Orden
de Santiago. Mucho después, durante el siglo XV y primeros del XVI
se saneó y modernizó el hospital, uno de los más nombrados del Camino,
pero que había sufrido la degradación de los siglos: nuevas instalaciones,
enfermería, botica, sala de mujeres y de hombres, intérpretes de
lenguas, etc. se reformaron en el edificio situado frente a la iglesia,
al otro lado del Camino (espacio que
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actualmente ocupan la gran
plaza de San Marcos). La edificación hospitalaria se mantuvo en
pie hasta finales del siglo XVIII, cuando fue sustituida por la
llamada Casa del peregrino, construida al flanco oriental de la
iglesia, actual sede del Procurador del Común de la región.
Por su parte, el viejo edificio conventual debía contrastar
penosamente con el hospital frontero cuando, en 1513, el Capítulo
reunido en Valladolid con la presencia del rey Fernando acordó construir
uno nuevo por ser «tan principal y tener tan buena renta como tiene».
Para las trazas de la nueva iglesia se buscó a Pedro de Larrea,
maestro de la Orden de Alcántara, y, poco después se asoció a Juan
de Horozco, que concluyó la iglesia a pesar del obligado paréntesis
comunero, entre 1528 y 1538, siendo consagrada en 1541. Este edificio
responde al estilo Reyes Católicos, última fase del gótico meseteño
caracterizada por la expansión decorativa en superficie, a base
de motivos tardomedievales y renacentistas; y por estructuras poco
novedosas pero que suelen definir espacios arquitectónicos muy personales
e identificables. Una gran sala de elevadísima bóveda (20 metros
en la central, uno más para el crucero) respecto al estrecho solar
(11,25 de anchura de la nave), en cortos y complicados tramos de
crucería con un amplio transepto, cabecera poligonal, tribuna y
hondas capillas cuadradas entre los contrafuertes. Es el tipo de
San Juan de los Reyes en Toledo o Santo Tomás de Ávila, por citar
algunas muy conocidas.
La fachada (orientada al sur para abrirse al camino)
se abre en un gran pórtico con crucería, como en San Esteban de
Salamanca, que sostiene un balaustre y un frente tapizado de veneras,
emblema jacobita repetido hasta la saciedad en el convento, como
ocurre con otros leit motiv. Gracias a estas importantes obras llegarían
a nuestro país insignes artistas de procedencia nórdica, entre los
que se encuentran Juan de Juni, Juan de Angers o Guillermo Doncel,
que esculpieron distintos relieves en su fábrica.
El resto de la enorme fachada, la del convento, es obra
ejecutada en dos momentos bien distintos, aunque fuese respetada
su unidad compositiva. Entre 1533 y 1541 se realizó el lienzo oriental
hasta la puerta principal; en un plateresco estereotipado a base
de módulos repetidos y pautados, no exento de gran monumentalidad
y profusión de esculturas, con ánimo de ofrecer un vasto telón de
fondo al Camino. La mitad simétrica a poniente y la portada se completaron
entre 1711 y 1716 simulando las trazas anteriores, pese a las diferencias
de detalle.
En su interior destacan sobre cualquier espacio las
dos sacristías y el claustro, obra del más granado arquitecto disponible
en el León de 1540, Juan de Badajoz el joven. Representante de los
llamados ‘maestros canteros’, a caballo entre la tradición del gótico,
que en este caso pesaba en mayor medida debido a la fama de su padre,
y subyugado ya por las formas clasicistas, desplegó una hábil síntesis
de estilos en las dos crujías del claustro (pues otras dos fueron
rematadas entre 1670 y 1714) y ejecutó su obra maestra en la espléndida
sacristía, resumen de su arte y remedo simbólico del templo de Salomón.
Tal fue su orgullo, que el propio Juan de Badajoz se autorretrató
en su decoración dándonos su fecha, 1549. Hoy día las salas pueden
visitarse como complemento al Museo de León, un museo, un rincón
y una ciudad que aquí se manifiestan con rotunda plenitud jacobea.
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