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 EL CAMINO DE SANTIAGO

 HITO A HITO BURGOS / Montes de Oca
 Además de una vía de comunicación, de contacto entre gentes lejanas y culturas dispares, además de un ámbito de acogida, hospitalario, protector y urbanizado, aparte de un empeño político e histórico estratégico, incluso más allá de su carácter religioso, subrayado por el rosario de reliquias que lo adornan y movilizan, el Camino es escenario para el milagro. Es territorio para la manifestación extraordinaria de lo sagrado, un lugar donde la realidad conecta, sin tapujos o intermediarios, con el orden de lo divino, frecuentemente asidos ambos gracias a una tragedia o a un acto heroico, a un acontecimiento excepcional que motiva una intervención prodigiosa.

 Un escenario de prodigios
  LUIS GRAU LOBO
  Si el origen de la peregrinación está cimentado en la leyenda y el mito de la vida y muerte del Apóstol, su desarrollo y predicamento se alzaron sobre la manifestación de sus poderes de...


 Iglesia de Santiago de Villafranca Montes de Oca.

  ...acometidas durante dos años en este inmueble las almenas. poderes de ultratumba, aparte de la congregación de otros santos y figuras señaladas que tendremos ocasión de comentar en otra entrega.
  En ésta, destaquemos como a la vera de la ruta se sucedieron una y mil ocasiones para convocar el amparo del Hijo del Trueno ante los mil y un peligros que los romeros habían de afrontar. Asaltadores y bandidos, mesoneros y hospederos codiciosos, recelos xenófobos, aguas infectadas, extravíos, tempestades, alimañas, padecimientos y males... las aflicciones del viajero. Pues el camino es ocasión para tales angustias, pero, en este Camino sagrado, con inusitada frecuencia, todas ellas son combatidas mediante el prodigio y la providencia, con el milagro incluso.
  Muchos son los gestos y portentos realizados por Santiago en protección y amparo de sus seguidores, en auxilio de los peregrinos y en castigo de quienes les ofenden, hieren o timan. Desde reparaciones y alivios varios hasta resurrecciones registran los códices empeñados en alentar las duras jornadas de los viajeros. Algunos de estos fenómenos son tan populares que se han convertido en arquetipos repetidos por doquier o reseñados en los dichos y refraneros, como sucede con «la gallina que cantó después de asada» en Santo Domingo de la Calzada en favor del testimonio del peregrino falsamente acusado de hurto y ahorcado, que permaneció vivo pese a ello.
  Por eso no es extraño que el paso a la Meseta, atravesando la frondosa espesura de los Montes de Oca y el peligro de los salteadores y los lobos, se convirtiera en emplazamiento para otro milagro de los consignados por el Codex calixtinus para serenar a los peregrinos. Y sucedió que un matrimonio francés había logrado tener un hijo tras pedírselo al Apóstol ante su tumba, a la que había peregrinado el marido. Crecido el niño, la familia determinó repetir la peregrinación para agradecer la merced, pero el crío «habiendo llegado con salud hasta los Montes llamados de Oca, atacado allí de una grave enfermedad, exhaló su alma. Sus padres, enloquecidos con su muerte, llenaban a manera de poseídos todo el monte y las aldeas con sus clamores y alaridos. Más la madre prorrumpiendo en mayor dolor, cual si hubiese ya perdido la razón, dirigió a Santiago estas palabras: Bienaventurado Santiago, a quien el Señor concedió tanto poder para

darme un hijo, devuélvemelo ahora. Devuélvemelo digo, porque puedes, pues si no lo hicieres me mataré al momento o haré que me entierren viva con él.» (Codex, II, capítulo III, traducción de Moralejo, Torres y Feo). Tras esa dramática súplica, el niño, de nombre Santiago, fue resucitado al punto, con lo que el relato del milagro, que se dice escrito por el propio Papa Calixto, llega a afirmar arrogantemente que sólo el Apóstol ha resucitado a un muerto estando él mismo muerto, ya que Cristo o san Martín lo hicieron de vivos.
  Sea como fuere, es ésta una de las más grandes maravillas, pero en absoluto la única, de las acometidas por el Santo. Y se produce en un territorio liminar, en un límite de los que el camino cruza, entre la seguridad de la tierra de los hombres y el salvaje e inhóspito mundo natural, dos universos que la senda enlaza definitivamente gracias la mediación de los muchos hospitalillos y amparos que en su día mermaron el miedo a la travesía, o con el seguro refugio que ofrecería Juan de Ortega al poco, santo gracias a estos caritativos servicios jacobitas.
  Y también es una línea de demarcación, pues el mismo Códice sitúa aquí la linde entre la tierra navarra y «la de los españoles», Castilla y Campos, resultando Oca el «mojón de Castilla », como ya calificó al monte el Poema de Fernán González. Nos encontramos en una tierra de nadie, entre Santo Domingo y Burgos, cerca de una «villa de francos » (Villafranca) reinventada desde la Auca romana para desafiar la difícil travesía del bosque y la montaña. Estamos, por tanto, en un lugar de tránsito y terminación, en el espacio indefinido de las fabulaciones, donde incluso es posible atajar a la muerte para continuar la peregrinación, para hacer justicia con el camino trazado para cada uno.
El horizonte del peregrino
Palabras para el Camino
Final de un camino sin fin
Archivo Camino Santiago
       
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