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 EL CAMINO DE SANTIAGO

 HITO A HITO EL CANAL DE CASTILLA
 Una de las obras de ingeniería más espectaculares de la España moderna toma mansamente las aguas de un Pisuerga pródigo y agraciado en Alar del Rey, adonde llegaban los cargamentos que, en carros y mulas, eran llevados a Santander para embarcarse esta vez en el mar. Aves, peces, y abundante vegetación de ribera, como los olmos y chopos que remachan su paso, conforman un ecosistema peculiar, embebido en el paisaje, que se completa con un itinerario trufado de vestigios históricos y monumentales del máximo interés en las poblaciones y parajes que atraviesa. Uno de ellos es el propio Camino.

 Encuentro con las aguas
  LUIS GRAU LOBO
  Hubo un tiempo en que el Camino fue el espinazo de las Españas. Al menos de las que se desperezaban en el norte peninsular. Durante esos siglos, buena parte del XI y el XII, los reinos cristianos se comunicaron...


 Cuatro esclusas salvan el desnivel del terreno en Frómista, encrucijada del Canal de Castilla y el Camino de Santiago.

  ... entre ellos y, a su vez, lo hicieron con Europa gracias a este recorrido protegido y protector. Pero desde que el Califato dejó de ser una amenaza intratable y sobre todo a partir de la victoria crucial de las Navas de Tolosa (1212), el mediodía se abrió a las ansias de expansión cristianas y todos los ejes de comunicación, viarios y estratégicos, rolaron de norte a sur de forma decisiva, secular. Los ejércitos, los comerciantes, los pobladores y hasta el ganado, por las cañadas de la Mesta, rompieron la vieja espina dorsal del Camino jacobeo para siempre en multitud de sendas que seguían, de forma más natural, la traza de los valles desde las montañas hacia la llanura, enfilando la tierra prometida del mediodía.
  Muchos siglos después habría de reproducirse, con modestia pero con decisión, tal alineación desafiante hacia el Camino por obra de una senda inopinada, un camino de agua diseñado por el hombre para transportar, asimismo de norte a sur, sus mercancías y sus quimeras. Un camino que se empareja con el nuestro, celoso de su traza, en tierras palentinas tras dejar Boadilla del Camino. Y que, antes de llegar a Frómista, lo abandona –al filo de una soberbia esclusa cuádruple– con la contundencia de un monumento más que hubiera estado ahí desde siempre, aunque se trate de uno de los más modernos: el Canal de Castilla.
  Navegar por medio de la Tierra de Campos es posible, gracias al empeño de los gobiernos ilustrados que decidieron hacia 1753, por iniciativa del Marqués de la Ensenada, ministro de Fernando VI, la construcción de un canal para permitir el trasiego del cereal castellano hacia los puertos cántabros y hacia Madrid. Basado en antiguos proyectos del siglo XVI y coetáneo del Canal Imperial de Aragón en el Ebro, no se llegó a ejecutar en su totalidad el ambicioso proyecto diseñado por Carlos Lemaur y Antonio de Ulloa, que incluía otros trazados desde Reinosa hasta El Espinar en Segovia. Pero a pesar de los retrasos que hicieron de esta obra faraónica un fracaso en cuanto a las expectativas que

había generado, el Canal o ‘la ría’, como es llamado en las localidades que atraviesa, es una de las obras de ingeniería más ambiciosas de la España moderna.
  La amplia ‘Y’ invertida que forman los dos brazos del Canal arranca en su extremo norte cerca de Aguilar de Campoo, en Alar de Rey, localidad surgida al hilo de la explotación de esta infraestructura, tomando mansamente las aguas de un Pisuerga pródigo y agraciado. Hasta allí llegaban los cargamentos que, en carros y mulas, eran llevados a Santander para embarcarse esta vez en el mar. Aunque en Herrera de nuevo vierte sus aguas al río, las toma seguidamente y se dirige hacia Calahorra de Ribas, donde desemboca en el río Carrión y se inician el ramal de Campos, que deriva hasta Medina de Rioseco, y el del sur, que acaba dando sus aguas al Pisuerga en Valladolid, junto al Puente Mayor, atravesando las provincias de Palencia, Burgos y Valladolid a través de 207 kilómetros.
  Sus espectaculares esclusas (en número de cuarenta y nueve, entre las que descuella la mencionada de Frómista) permiten salvar los desniveles del terreno mediante la inundación controlada de un cuenco, sistema habitual en este tipo de recorridos. Muchas de ellas aprovecharon, además, la energía hidráulica del salto para establecer a su ribera industrias auxiliares (forjas, molinos, batanes, fábricas de harinas…), aparte de bellos puentes de cantería y las ahora decrépitas viviendas de los encargados del mantenimiento; los escluseros. A su vera siempre, los caminos de sirga o parvas, por donde transitaban las bestias llamadas a arrastrar las barcazas, y en ocasiones, acueductos destinados a salvar desniveles u otros cauces o dársenas. El aprovechamiento de las aguas canalizadas motivó la presencia de arquetas destinadas al regadío de las tierras adyacentes, ya que desde 1959 no se realizan portes por el Canal y sí aprovechamiento de este tipo. La construcción del ferrocarril desde la costa hasta Venta de Baños y Valladolid había acabado con la rentabilidad del canal como vía de transporte de mercancías ya hacia 1885.
  Aves, peces, y abundante vegetación de ribera, como los olmos y chopos que remachan su paso, conforman un ecosistema peculiar, embebido en el paisaje, que se completa con un itinerario trufado de vestigios históricos y monumentales del máximo interés en las poblaciones y parajes que atraviesa. Uno de ellos es el propio Camino, cuya orientación oeste compite con cuantos cauces fluviales se tienden bajo los puentes, majestuosos o precarios, que lo elevan sobre ellos. Las épocas modernas añadieron uno más a la cuenta, un cauce de agua que el paso del tiempo ha convertido en un accidente natural más, uno en que la huella de los hombres se diluye poco a poco con elegancia gracias a su ambición, fracasada en lo práctico pero triunfante en la vocación de permanencia, de cosa bien hecha, con que fue concebido.
El horizonte del peregrino
Palabras para el Camino
Final de un camino sin fin
Archivo Camino Santiago
       
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