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| EL CAMINO DE SANTIAGO |
HITO
A HITO LEÓN
Pontífice quiere decir, literalmente, el que hace puentes. Porque para vadear un río de manera permanente, para
vincular lo que está separado por la naturaleza y unir las
dos orillas de un cauce de agua a menudo imprevisible y
traicionero, es precisa una sabiduría que se identifica con
lo sobrenatural, lo mágico, con una ciencia cuya comprensión
se alcanza a muy pocos. Quizás la obra de ingeniería más útil, que beneficia
al viajero y al que no viaja –pues al fin depende de quien sí lo hace-, tal vez la más
precisa y preciada ayuda al peregrino y el acto de mayor caridad, es disponer los
caminos en buen estado, y los pasos difíciles, puentes y puertos en especial, transitables.
De ahí, por ejemplo, los santos camineros, Juan de Ortega y Domingo de
la Calzada, distinguidos ingenieros y pontífices de la ruta santiaguista. |
Paso ‘honroso’ por el Puente del Órbigo
LUIS GRAU LOBO
Entre los muy
necesarios y
magníficos puentes
que vadean los cauces
mayores a los que el
Camino corta de través, el
Puente de Hospital de
Órbigo descuella por
mérito propio, tanto por... |

Cuatro esclusas salvan el desnivel
del terreno en Frómista, encrucijada del Canal de Castilla
y el Camino de Santiago. |
... su soberbia y tendida traza como
por su vertiente legendaria y
jacobea. Sobre fundamentos romanos
aún visibles (pues formó
parte de los itinerarios imperiales
hacia Asturica Augusta, Astorga),
este paso estratégico siempre fue escenario del encuentro bélico e
histórico, en época bárbara entre
suevos y visigodos o en la primera
reconquista, entre las huestes de
Alfonso III y los musulmanes. Con
el auge del Camino este monumental
puente de veinte bóvedas
ojivales o de cañón, dispuestas a
distinta altura y diseño, debió alcanzar
su máxima pujanza. A ésta
responde su fábrica del siglo XIII,
reparada en distintas ocasiones
posteriores a causa de las crecidas
del mudable Órbigo, más manso
en nuestros días gracias a su embalsado
aguas arriba.
Pero más allá de su presencia
majestuosa, la de uno de los puentes
más notorios de España, el
puente del Órbigo tuvo, como demanda
su gallardía, ocasión de entrar
en la leyenda por medio del
hecho de armas caballeresco y jacobeo
más famoso de la
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Edad Media hispana.
En este escenario de privilegio, el noble leonés Suero de Quiñones plantó sus justas amorosas durante treinta días. Él y nueve caballeros más solicitaron un guante simbólico a las damas que deseaban cruzar para que se reconociera la supremacía en belleza de la dama del retador. Tal desafío debía ser atendido por los caballeros armados que quisieran atravesar el puente durante el estío del año Jacobeo de 1434, con permiso del rey Juan II.
Se combatió contra sesenta y ocho contendientes, derrotados en honor de la dama por la que Suero pugnaba. El grillete de plata dorada que aquella le dio en prenda y que exhibió durante este «paso honroso» lo llevó su portador, al término del torneo –y tras pasar por San Isidoro de León– hasta Santiago, donde lo ofrecería al Apóstol y es fama que aún se conserva allí, en el tesoro catedralicio, ciñendo el cuello del busto de la talla de Santiago Alfeo.
Hazaña, pues, muy literaria, y relatada de forma fidedigna por un testigo de los hechos, pues son conocidos puntualmente a partir del acta que levantó en el torneo el escribano real, don Pedro Rodríguez de Lena. Y un episodio que aún nos sugestiona más si recordamos que uno de los derrotados, don Gutierre Quijada, aguardó veinticuatro años para vengarse matando a don Suero. Y, a su vez, peripecia que concierne a otro quijote más célebre, Alonso Quijano, pues así dice Cervantes en boca de su caballero: «…digan que fueron burlas las Justas de Suero de Quiñones del Passo. Llegaron caballeros de todas las partes del mundo cristiano. En los treinta días que duran las justas pelean, con los diez mantenedores, ni más ni menos que sesenta y ocho aventureros, franceses, italianos, portugueses, alemanes, españoles, algunos venían impulsados por el humor caballeresco, otros por el odio y acabar con la vida de don Suero, el caballero siempre noble y bueno. Transcurren los días entre fiestas y torneos sin que nadie sufriera daños. La poderosa familia de los Luna no reparó en gastos para que su paladín don Suero pudiera realizar la más grande hazaña de caballería que conocieran aquellos tiempos… y surge la tragedia: Al llegarle el turno al caballero aragonés Esbelto de Claramente, la lanza de don. Suero ‘entróle por el ojo hasta los sesos’ matándole en el acto. Años más tarde don Gutiérrez de Quijada mataría a don Suero de Quiñones».
Espejo, por tanto, de las andanzas caballerescas, durante este siglo XV el caballero medieval da sus últimas bocanadas, convertido ya en arquetipo que sustituye las empresas bélicas por pugnas idealizadas, sofisticadas, acciones de hondo individualismo con una vocación sentimental y amorosa, de un amor privado y privativo. Son el ocaso, magnífico eso sí, que abrirá inexorable paso al nacimiento del equilibrado hombre renacentista. En cualquier caso, el peregrino que cruza tan vigoroso cauce gracias a este prodigioso puente quizás, antes de continuar camino, rinda homenaje aún hoy a la perdida belleza de la dama de don Suero. |
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