 |
| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
|
| LEÓN / Torre del Bierzo |
|
Más dura será la caída. El pasado de Torre fue de gran
esplendor. Pasaron por él los romanos, los reyes
'modernos' del Dieciocho y Diecinueve, y las comunicaciones
del Veinte. Hoy está en pausa, como un animal
cansado que estudia qué dirección tomar para
llegar cuanto antes al próximo reguero de agua. El
pasado es un impulso que le permitirá no morir deshidratado. |
Sombra sin necesidad de luz |
FERNANDO DEL VAL
Plisada sobre el
horizonte, la montaña
negra delata las
actividades manadas en las
profundidades del pueblo.
Todo queda teñido por un
metano imperceptible que
da la impresión de ser
todavía respirado a un
kilómetro de la zona… |
… de extracción. Una camioneta
baja por los raíles pintada de un
color más verde que el de las copas
de los árboles atufados por la
hulla. No parece quedar una hectárea
cultivable en las laderas.

Ladera negra que delata las actividades a las que se dedica el pueblo.
Hasta los monumentos remiten a la actividad minera. Hasta cuatro grandes empresas dedican su presteza a ella. Baja oscuro el río, mana oscura la fuente, quedan oscuros sobre la pared los pegotes de cemento. Tiene alarrego de apesadumbrado el sitio, todo parece estigma en él, pero dando al atisbo la vuelta es posible deducir que se trata de un enclave donde el gato es gato y la libre, liebre. No hay escaramuza actitudinal. Torre del Bierzo es meridiana y clara, transparente en su oscuridad. Es el animal que vemos en la selva en vez de en el zoológico. Son bonitas las casas rotas y abandonadas y las fábricas que dejaron sus tareas pero no su esqueleto como figuras vivas de exposición.
Es curioso dar una vuelta por calles enjutas y viviendas apiladas, con la leña cortada para el siguiente invierno. La angostura se rompe en las zonas más alejadas del centro. No faltan casas construidas sobre roca, lo que aporta una falsa impresión de cuevas.
Para hacer compatible el presente con el pasado hay un obvio impulso regenerativo. Hay varias nacionalidades viviendo y los naturales pueden presumir de acogedores porque lo son.
A nivel administrativo,
los torrelanos siguen
siendo cabecera de localidades,
entre ellas: Albares
de La Ribera y de
La Granja, Fonfría, San
Facundo o Cerezal del
Tremor. La cifra de población
ronda
|
| Guia |
|
CÓMO LLEGAR
Torre del Bierzo está a 89
kilómetros de León hacia
el Oeste. Primero por la
LE-20 y luego por la AP-71.
Al pasar Estébanez de la
Calzada, desechando el
desvío a San Justo de la
Vega, se toma la A-6. Los
últimos pasos se dan por la
carretera LE-463.
DÓNDE COMER
En Torre del Bierzo: Restaurante
Langreano, en la
calle Santa Bárbara número
80 (987 536 029) y Restaurante
El Rincón del Valle,
en la calle de la Iglesia
sin número (987 516 050).
TURISMO RURAL
En Folgoso de la Ribera está
la Casa La Reguera, en
el número 14 de la calle General
(629 254 138).
En Brañuelas se encuentra
la Casa Cumbres Borrascosas,
en la plaza de la
Estación sin número (639
392 004).
|
Puente romano sobre el oscuro río Tremor |
|
las dos mil quinientas cabezas. Abrieron hospedajes y parece que no resultaron del todo.
Un tremor cruza por el pueblo como una vía más del tren. Es el río. Las vías siguen plantadas, aunque sus traviesas soportan un trasiego decreciente. En su estación paró Alfonso Doce para hacer noche cuando estaba bendiciendo la inauguración de un tren que conectaba Madrid con La Coruña.
El pueblo vive un impasse y mira las posibilidades que la belleza situó en el entorno. Mientras, ignora si estar agradecido o maldecir el carbón que engendraron sus montañas. Hay opiniones en doble sentido. El mineral fue la gloria y, también, la horca. Llegó a haber una muy prominente industria, con una estación gigante, dotada con fosos y depósitos de agua y de máquinas. Pegadas a tanto, las casas construidas ex profeso para los trabajadores. «Mano de obra, bolsillo caliente», dice, como si fuera un hacedor de aforismos un jubilado.
Una magnética nostalgia es perceptible hasta en los cuartos traseros de los perros. La antracita atrajo dinero y buenas comunicaciones por carretera. Su declive ha marcado también el del lugar. Por todo esto está en boca de casi todos «la puta mina». La llaman así desde que un vecino le dio por hurgar en el diccionario y darse cuenta de que puta puede tener un sentido denigrativo y otro relativamente positivo.
El puente romano rompe en dos el pueblo. Su buen estado y el uso que se le sigue dando le integran en la vida cotidiana de los habitantes. Sin salirnos del pasado lejano, hay un par de vías de la misma época por certificar. Estas vías fueron utilizadas por Carlos Tercero para construir el llamado Camino Real a Galicia.
Parece que un aire en contra dificulta poner en valor los evidentes encantos del lugar. Su fundación, al comienzo de nuestra Era, siglo primero, dejó su impronta en los monumentos señalados. Otros, se perdieron, como una gran parcela techada para dar cobijo a los antiguos turistas. Acudiendo hoy aquí seremos los romanos de ayer. También las instalaciones servían para arreglar los pinchazos de las ruedas. Como no había neumáticos, nos referimos claramente a la madera de los carros, que también se pincha o, directamente, se rompe.
Los cerros cercanos, lejos del carbón, deparan buenas sendas por las que pasear y poner en perspectiva los sucesos acumulados en Torre. Los nogales y los castaños, así como pinos de reforestación, componen la vegetación que abanica los pulmones del lugar.
Torre del Bierzo es una clara zona cero. Era mil novecientos cuarenta y cuatro. Con el comienzo del año, el tres de enero, llegó también la tragedia. Ha pasado un porrón de años y todavía el recuerdo está fresco como una lechuga. El túnel número veinte fue la sepultura de un número, dicen, todavía indeterminado de personas. Entre doscientas y mil nada menos, un arco en el que caben al menos dos catedrales. Todo parte de un error de inicio: el franquismo trató de ocultar el desastre, dejando la cifra final de muertos en setenta y cuatro. El infausto túnel ya no existe. Colisionaron un tren correo, uno de mercancías y una locomotora que hacía maniobras. No cabía un cuarto elemento. Hace ocho años, Ramón de Fontecha realizó un cortometraje relatando los hechos que fue merecedor del Premio Goya al mejor de aquel año. Había sido estrenado en la Seminci de Valladolid.
|
|
|
|