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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 ÁVILA / El Mirón  

 Voyeur de sí, mismo, el pueblo es un remanso de vida antigua y atraso moderno. Los animales te dan la bienvenida mientras pastan en plan íntimo. Sus pupilas miran directamente la tuya de tal modo que hallan en ella el espejo que justamente andaban buscando. Abren la boca. La vida, bien analizada, es bostezo cuando no náusea. Piensan que están en un lugar llamado Bouville y que la hierba que mastican es sartreana. Alejado, en lo alto de un berrocal, los restos de un castillo atalayan el valle de la Corneja.

 La ruina imparte justicia en Gredos

 FERNANDO DEL VAL
 Un carro desarmado es el aviso preciso del desarrollo que alcanza El Mirón, un pueblo que no oculta su pasión por el morbo. Sólo el cielo recompone la aspiración ascética de una perfección inmaculada. Las montañas amanecen pronto…

  … y lo hacen verdes. En invierno dicen que asoma la nieve por ellas, cuesta creerlo. Los almendros tienen pinta de dibujo japonés. Las calles y carreteras están asfaltadas de pisadas, de camino hecho al andar, de fatiga retrocedida en el tiempo. De años cumplidos con la promesa de que, al final del camino, está la cuna.

    El Mirón desde las ruinas del castillo
  Pedruscos gigantes y graníticos colocados por la naturaleza sirven de sombrero o de sombrilla o de marquesina. Para sentarse, sirve un tablero horizontal en forma de banco. Aprovechar los recursos no es ninguna clase de sinergia, sino cirugía económica rural. Desde lo alto, el pueblo muestra sus caderas, sus curvas endemoniadas que no pueden frenar las campanas de la torre.
  Un gato parece que espera a que el dueño salga del número cinco donde tiene la casa, cerrada por una puerta verde. El señor dice que espera un cuenco de leche, pero que todavía no es la hora. El gato simplemente le vigila, no espera nada, hizo de la resignación un modo de vida. Apoya los cuartos traseros, se rasca detrás de las orejas. El hombre también se rasca detrás de las orejas. Llega a la nuca. El gato ha mirado el reloj y sabe que todavía no se desayuna.
  El Mirón está lleno de roca. Al final de cualquier calle te espera una. El musgo rompe el gris, un color con nombre de apellido cubista. La carnicería es una furgoneta. Las mujeres llegan a ella, rascando el monedero, con katiuskas y gorro. Hace calor, pero la costumbre es dogma. «Por la mañana el aire golpea la cara», se defiende una. Parece una frase traducida de algún idioma extraño, un mensaje en clave que convendrá no analizar. Sabemos que el que pregunta se arriesga a ser contestado. Y las respuestas siempre intranquilizan. Unas veces porque desarman las dudas; otras, porque las aumentan. «Por la mañana el aire golpea la cara», dice, y se anuda un pañuelo que llevaba en el bolsillo de la chaqueta, como advirtiendo de que todavía le quedan más prendas de abrigo.
  Las piedrecillas y los árboles secos dinamizan el urbanismo de guerra. La plaza del Hernal es un triángulo con césped que no precisa de cortacésped sino


  Guia  

 CÓMO LLEGAR
 75 kilómetros al oeste de Ávila reposan las ruinas de El Mirón. La nacional 110 lleva casi hasta el final, a la altura de Piedrahíta. Se tuerce a la derecha, tomando la AV-104 y, finalmente, después de Santa María del Berrocal, la AV-P-65.
 DÓNDE COMER
 En Santa María del Berrocal: Lafuente, en la calle Concepción 84 (920 367 313). En Piedrahíta: Gran Duque, en la calle pastelería 17 (920 360 277). El Escudo, en la calle del Río sin número (920 360 896).
 TURISMO RURAL
 En San Bartolomé de Corneja, a 9 kilómetros: Búho Chico, en la calle La Fragua 8 (610 365 177). En San Miguel de Corneja: La Casita de Peñanegra, en la calle Mayor 1 (626 798 566) y Los Corralones, en la calle Rita García Zamora 27 (920 362 521).


Cruz del Rollo.
de vacas. La alcantarilla, un privilegio innecesario. El agua corre hacia abajo sola. En medio del asfalto, unos cantos testiculares en círculo parecen una oración desierta. Otros, sostienen unos rosales que debieron haber crecido. Todo se asemeja a una instalación súper moderna. Un montón de cascotes y tierra se revuelve como un centro magnético. Al lado se aprecia una biblioteca. Tras la verja, los libros se dicen los unos a los otros: “Mejor solos que mal acompañados”. La estantería frunce el ceño y les pregunta de qué van, qué propósito les llevó a ser escritos, aduciendo un pensamiento tan despótico. Los libros se defienden solos.
  Alguna casa tiene exterior de humilladero. El camión sigue despachando chorizos. Al comprador se le cae la vuelta al suelo. Al salir de casa, no cogió las gafas, le cuesta dar con las monedas. El conductor ha de salir. Ya le ha pasado más veces. No le importa. Parece un artista trabajando por amor al arte. El comprador gira. En la mano izquierda lleva una bolsa blanca; con la derecha hace como que revisa el cambio. Le gusta la matanza y jugar a la calva.
  Por la plaza la gente se mueve abrigada. Son las nueve de la mañana, no hace calor y están a mil trescientos metros, de acuerdo. Pero tampoco es para gorro. Dentro del Bar Barbacoa –que da a la plaza- están en mangas de camisa. Definitivamente, en El Mirón tienen un sentido de la temperatura particular. Los animales siguen en su sitio, masticando el porvenir. Son conscientes de que desaparecieron cuatro pueblos del municipio. De Valdemozuelos, Los Hoyos y Las Curricasas no queda nada. De Narra, la base de una torre.
 EL DETALLE
 El gobierno fortaleza
 Hay también restos de muros y de una torre de un antiguo castillo. Perteneció al duque de Alba. Sus vistas de la sierra de Gredos son dominadoras, vastas. Las serranías circunvecinas son un campo de tiro para el cubilete de la mirada.
  El castillo tiene viviendas de los siglos Catorce y Quince. Fácilmente imaginable, la adosada al lienzo oeste. La pared goza de huecos cuadrangulares para las vigas. Una línea de asientos de poste cruza el canchal granítico quiere asentar sobre ellos una techumbre. Las aspilleras para la defensa de la estancia son observables en los muros sur y oeste. Todavía, sobre el torreón se divisa el escudo de los duques de Alba. El pozo ciego abre los ojos.
  En el centro del pueblo, el rollo recuerda el uso de la cruz para, en tiempos de la Inquisición, practicar la tortura. Como esta Cruz del Rollo señalan que, en todo el país, quedan cuatro. Está delante de la iglesia –del siglo Quince- y se compone de un fuste ochavado y cuatro cabezas humanas formando la cruz. El remate no es completo. Menos mal.


El piedemonte se convierte en mirador Espirdo / Segovia

Agua, jalón entre las hojas Molinos de Codesal / Zamora

Un par de cuernos de León Suárbol y Balouta / León

Pinos piñoneros enseñan el valle Sacedón / Valladolid

Ensayo de la piedra y el centro Fuentelapeña / Zamora

Remanente salpicado contra el olvido Laguna de Boada / Palencia

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