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  PALENCIA

  ZAMORA. (SAYAGO). Arribes ha sido siempre un lugar áspero, dífícil de admirar y disfrutar por lo abrupto de unos acantilados que no se lo ponen fácil al caminante. Por eso se agradece tanto la construcción de un mirador como el situado en Fariza, desde el que se consiguen las mejores vistas casi sin bajarse del coche.

 Las Barrancas, un mirador con vistas a
 los arribes del Duero

 JOSÉ LUIS CABRERO


 Vista de los arribes desde el Mirador de las Barrancas situado en las inmediaciones de la ermita del Castillo.
 GUIA  
 CÓMO LLEGAR
 El acceso al mirador de las Barrancas es muy sencillo. Tomando como punto de referencia la capital zamorana, de la que dista alrededor de 55 kilómetros, para visitar la zona es necesario tomar en primer lugar la CL-527, conocida por los zamoranos por tener como destino último la localidad de Fermoselle y la frontera portuguesa.
 En Bermillo de Sayago se toma la carretera hacia Fariza. Allí es de visita obligada la iglesia local, donde se guarda la Virgen del Castillo, una talla del siglo XIII.
 La ermita del Castillo se encuentra a unos pocos kilómetros de distancia del pueblo, al final de una senda bien señalizada que discurre entre encinas y enebros.

  Los arribes del Duero, en muchas ocasiones, no se lo ponen fácil al turista. No es raro que las mejores vistas se oculten tras inaccesibles pedregales, o que sea necesario caminar durante horas entre jaras y escobas para disfrutar de los lugares más bellos. Por eso, el mirador de las Barrancas supone para el visitante más comodón una oportunidad única para disfrutar de los espectaculares paisajes de los arribes.
  Situado en la localidad zamorana de Fariza de Sayago, el mirador de las Barrancas goza de una inmejorable posición sobre los acantilados y su acceso es extraordinariamente sencillo. Lo mejor para visitar la zona es llegar en coche hasta la conocida como ermita del Castillo, una sólida construcción levantada en lo alto de un pequeño promontorio, en la que el turista puede obtener información sobre el parque natural Arribes del Duero y el entorno. Una amplia zona de aparcamiento facilita poder dejar el coche lo antes posible sin complicaciones.
  La ruta hacia el mirador está bien señalizada, no conlleva ningún riesgo y sólo las personas con miedo a las alturas tienen que tener cierta prevención en este lugar. Alcanzar este estratégico enclave apenas supone un cuarto de hora de caminata entre enormes bloques de granito natural y cortinas de piedra, que así es como se llaman en la zona los muros que delimitan las fincas.
  Una vez en el mirador es conveniente guardar cierta prudencia, dado que las vallas protectoras no son demasiado altas y la profundidad del barranco, considerable.
  Desde el espolón sobre el que está levantado el mirador de Las Barrancas es posible disfrutar de una impresionante vista de los arribes. El lugar es especialmente recomendable en primavera, cuando los arroyos de la zona llevan mucha agua y se desploman por los acantilados en busca del fluir tranquilo del Duero. En este caso, las cascadas del

arroyo Picón ofrecen al visitante la posibilidad de disfrutar de numerosos saltos de agua. También desde el mirador es posible contemplar un lugar mágico como es el enebral perteneciente a la cercana localidad de Cozcurrita.
  En la otra orilla, ya en tierra portuguesa, se ven algunas zonas de cultivo situadas en laderas de inclinación imposible y chozos de piedra ubicados muy cerca del cauce y por tanto de difícil acceso.
  En esta zona, el Duero ofrece un aspecto de río tranquilo. La lámina de agua apenas parece otra cosa que un espejo de reflejos verdosos y en muchas ocasiones, dependiendo de la luz, es difícil distinguir el cauce de las orillas.
  Y si gran parte del interés paisajístico del lugar está en tierra firme, con los abruptos acantilados de los arribes como protagonistas, en el cielo el visitante también tiene mucho que ver y muchas aves de las que disfrutar. El vuelo pausado, casi a cámara lenta del buitre leonado es el más fácil de contemplar. Al fin y al cabo, este carroñero es habitante habitual y raro es el día en que su silueta no se recorta sobre los azules cielos sayagueses. Tampoco resulta infrecuente distinguir sobre el arribe el elegante vuelo del alimoche, una especie menos numerosa pero que también anida en los farallones de granito.
  Halcones, águilas, milanos y otras aves de menor porte también se ponen a tiro de prismático en el mirador de Las Barrancas a poco que el visitante sea paciente y sepa guardar unos minutos de silencio.
  Tras disfrutar del arribe, del Duero y de la fauna local, el regreso a la ermita del Castillo se hace duro por la inclinación de una senda que en algunos puntos puede hacer que los turistas comodones para los que está indicada esta ruta pierdan el resuello.
       
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