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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| SALAMANCA / Arabayona de Mógica |
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Sobre la campiña cerealista del este salmantino, se
aposenta Arabayona, un lugar alejado de la importancia
teórica que se atribuye a los alrededores del
partido judicial de Peñaranda y todavía a una distancia
prudencial de la provincia de Ávila. Asimila
las elevaciones minúsculas de la comarca y el clima
continental. Apenas llueve y la medición del invierno podría establecerse
en por cada uno, dos veranos. |
Varios rodeos para dar con el resultado |
FERNANDO DEL VAL
Algo patatero, en
lenguaje coloquial se
refiere a algo malo,
descuidado. Los habitantes
de Arabayona lo son y lo
llevan sin desdoro. La
producción de patata tiene
parada obligatoria en este
lugar de la provincia
salmantina y no faltan
mercados… |
… específicos dedicados a su venta.
Hace cincuenta años que no pasa
del millar de habitantes, en la actualidad
por debajo de los quinientos.
Parece una localidad puesta a
dormir, pero no. Particularmente
inconformista resulta en lo que respecta
al propio nombre, que lo ha
cambiado tres veces en los últimos
cien años. A primeros del siglo pasado,
todavía recibía el nombre de
Hornillos. A mediados se le conocía ya como Arabayona y hasta hace un
par de décadas no añadió el ‘De Mógica’
actual. Así que, para hablar del
origen del pueblo hay que remontarse
a Hornillos, nombre del que se
mantiene el de la ermita que hay colindante
al frontón, al que algunos
niños llaman ‘la portería’ por una
que hay pintada de blanco en él.

Tan sólo algún pico contradice la planicie general.
En el siglo Once había por residencias
un conjunto de chozas rematadas
que se habían echado unas
pajas encima a modo de tejadillo.
Las chozas no tenían habitaciones,
por lo que los barrios estaban sumamente
recogidos, dándose calor.
Por entonces pertenecía a León –los
mapas y los regímenes administrativos
no paran quietos– y hasta cuatrocientos
años más tarde no se tejaron
las viviendas. Es el siglo Quince
el de las luces agrarias: pastos y prados
se extendían como unas habitaciones.
Dormir en ellas tenía el riesgo
de morir de siete pulmonías: recogen
las crónicas que en mil cuatrocientos
treinta y cuatro, hubo dos
meses de lluvia seguida dentro del
pueblo, sin una pausa. Es de esperar que en los cercanos también. Si no,
habría que pensar mal de las nubes.
En coherencia con las altisonancias,
la localidad pertenece a dos comarcas,
no a una sola. A saber: Peñaranda
y Las Villas. Éste es un pueblo
con una historia oscilante y bien
documentada. El primer censo llegó
en mil quinientos treinta y cuatro.
Existía una cifra de vecinos similar
a la actual: cuatrocientos veinte. Al
siglo siguiente llegan los monjes hociconeando
en busca de tierras donde
sembrar. De Salamanca van a
Hornillos. La tierra cuándo no ha sido
disputada.
La iglesia parroquial se extiende
hacia arriba, dejando una estela envejecida
de restauraciones y rezos
mal dados. Data de mediados del siglo
Dieciséis. A finales de la centuria
siguiente las cosas habían cambiado
y los escritos atribuyen al retablo
una presencia «indecente». La indecencia
es una característica que pega
mal dentro de un templo, se podría
interpretar como una ofensa. Indecente
es alguien que entra al lugar
con sombrero y en calzoncillos. Tal
debía de ser su estado, junto con el
de las gradas y el presbiterio. Dedujeron
que había sido construida «en
falso y contra arte». Una blasfemia
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| Guia |
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CÓMO LLEGAR
Arabayona está a 36 kilómetros
de Salamanca. Se
toma la A-50 en sentido este
y luego se sube por la
SDA-690, a la altura de Encinas
de Abajo. Una segunda
opción, con menos kilómetros
-26-, pero peor carretera
sería atravesando en
diagonal por la SA-804, siguiendo
el rumbo del río
Tormes. Se tarda algo más
pero no se cambia de carretera.
DÓNDE COMER
En Arabayona de Mógica:
Bodega-Mesón Hornillos,
en la calle del Puerto 27
(927 361 174); Bodega La
Noria, en la calle Baja 34
(927 361 160); Chaplin, en la
calle Q. Llano, número 21
(923 361 136); Cafetería
2BB, en la calle José Antonio
39 (923 361 003); Sonia-
Mari, en la calle José Antonio
8 (923 361 135).
TURISMO RURAL
No hay centros de turismo
rural ni en Arabayona ni en
los pueblos inmediatos. El
punto más cercano está en
Moriscos –a 19 kilómetros-:
Casa Galicán, en el camino
de los Villares 22 (923 361
483).
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Caserío e iglesia parroquial. |
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arquitectónica, tal vez. A lo que su Ilustrísima pidió que se reclamase judicialmente la reedificación. Pero a la familia encargada, llamada De Cáceres, le gustaba el cachondeo y bajó el cuerpo de la torre a un nivel que impedía oír el tañido normalmente profundo de las campanas. En la actualidad el cielo aparece manchado por las alas de los pájaros y es su música piada lo único que se oye. Hay un remate en el campanario que parece hecho con el cemento y el ladrillo sobrante de una tapia cercana y de irregular factura.
A PEDRADAS
Entretanto ocurrió un milagro y se levantó la ermita de Hornillos, sustituyendo la de la Virgen de la Vega, en deplorable estado de conservación. El milagro, como todos, es ilustrativo y tiene lo suyo: resulta que andaba un pastor con sus reses de paseo por un cercado cuando una se le salió. Para reconducirla optó finamente por arrearle una piedra. Pero el disparo se desvió y cayó entre unos matorrales, de los que creyó oír unos quejidos.
«A ver si he herido a algún niño», pensó. Al llegar a las matas vio que alguien había dejado ahí, por casualidad, una figura religiosa. Apartó las zarzas y vio que se trataba de un Cristo. Le había dado en la cabeza. No se la había roto, pero sí le había dejado una herida, visible por la sangre, que le empañó el rostro. Y se preguntó quién había sufrido más en el choque: si la efigie o el canto. La ermita que tenemos a la vista no es la reedificada, sino una tercera.
Este ritmo de construcciones en Arabayona recuerda -a pesar de no llegar- al de algunos puntos del altiplano chileno, donde, debido a los temblores constantes de la Tierra, se han llegado a elevar hasta veinte catedrales en medio siglo por localidad. La vida media de cada una es de una década, pero varias hay que no aguantan los doce meses. Un poco sí podía ayudar el Altísimo. O bien es que la naturaleza es científica. Dejando el inciso: hubo que mandar nuevamente su erección hacia los años mil setecientos sesenta y siete y mil setecientos sesenta y ocho. De paso, se renovaron la torre del Evangelio y la sacristía y se sumó un trastero para guardar cosas inservibles y crucifijos rotos. La nueva imagen del templo se consumaba. Salvo, eso sí, la espadaña, de ladrillo de dos cuerpos y tres vanos en triángulo.
Por lo demás, la vida es sencilla y cualquier cuerda desgastada sirve, atada a la puerta de casa, para tender una camisa se supone que recién lavada. Cuando te aproximas del todo, descubres que es un trapo. Los entornos son lugares de pasto para ovejas y tan sólo algún pico contradice la planicie general. Pitiegua –a siete kilómetros– o Cantalpino –a cinco –, con un origen hacia el tres mil novecientos antes de nuestra era, son dos puntos cercanos por los que se puede pasar para cerrar una visita ampliada de la zona.
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