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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
  Zamora / Fuentelapeña  
  Es un total de sesenta kilómetros cuadrados guareñosos repartidos en tejados, cabezas, cardos y espigas. Al norte de la autovía de Castilla, siente cerca la corriente salmantina de la provincia castellana.

 Ensayo de la piedra y el centro

  FERNANDO DEL VAL 30 de enero de 2012
  Las aguas doradas del campo se tienden como el pensamiento siempre elevado de Proust. Él, en busca del tiempo perdido, se descolgó con una reflexión inteligente y subterránea que había escuchado en casa: a quien del culo de un perro se enamora, le parece una rosa.
  Como en cualquier sitio educado que se precie, el lugar de los canes lo ocupan en Fuentelapeña preferentemente los gatos. Hay uno negro que aprovecha las paredes blancas para tomar el sol y forzar el contraste cromático. Si su color destaca más, asustará a los que vayan a la iglesia, que anda al lado; hay relatos en los que se pone de relieve sus tratos con el diablo.


   La torre de la iglesia de Fuentelapeña es como una atalaya.

  Al gato le da igual satanás, no le pone una vela ni a él ni a su opuesto. Dialoga en su bostezo con un bicharraco que han dibujado con espray al lado de un bocadillo en inglés: «Fuck the police». A los habitantes se les escapa todo lo que no sea español. Se les escapa también el latín, así que les vino bien el concilio de Juan Veintitrés, cuando se ‘derogó’.
  El azul es el idioma de las indicaciones. En un banco de los de sentarse han señalado, con otra letra, ‘reservado’, así que siempre está libre. Es como esas mesas de un bar o restaurante en las que entras y tiene un cartelito al lado del cenicero diciendo lo mismo. Los carteles de ‘Se vende’ no se hacen caso porque están escritos en otro idioma, generalmente blanco sobre fondo negro.
  Las aguas doradas las nada un jornalero de sí mismo, ora con dos barras gris claro, ora afanando productos de la huerta. Él es el buey. No tiene horario ni quehaceres obligatorios, inventa una función en la que escuda su salida de casa por la mañana. Se pone un pantalón azul y siente que se ha vestido un mono de trabajo. Para la cabeza, ha oído que el sol es malo, un sombrero que le ayude a asimilarse a Pessoa. Cuando el cansancio menoscaba, echa un trago


  Guia  

 
 CÓMO LLEGAR:
 De un total de 51 kilómetros se compone el camino a Fuentelapeña desde Zamora. Primero, a través de la carretera a Fuentesaúco y, después, de la ZA- 620. De Salamanca el destino está a idéntica distancia: 52 kilómetros.

 DÓNDE COMER:
 En Fuentelapeña:
 Bar y Chocolatería Paniagua, en la calle Claudio Moyano 52 (980 605 020).
 Bar Socorro, en la calle Geranios sin número (980 605 116). La Glorieta, en la calle Tejar 4 (980 605 089).
 En Cañizal:
 Restaurante La Fuente, en el kilometro 206 de la carretera nacional (622 633 624).
 En La Bóveda de Toro:
 Restaurante Los Rosales, en la calle Bellavista (658 782 542).


 TURISMO RURAL:
 En Villamor de los Escuderos –a 16 kilómetros-:
 Centro de Turismo Rural Teso de la Encina, en la calle del Teso (652 791 614).

de aguacuba, el término con el que se refieren a la mezcla por igual de vino y agua.
  Escribe renglones torcidos en el regadío, nadie dijo que fuese fácil plantar. La industria está puesta lo mismo por los huevos que por el embutido que por la fontanería que por la peluquería, que de todo hay. Hasta una tienda de tejidos mezclada con ferretería en la calle Costanilla. Hasta, fuera, piscina. Para algunos el lugar no dista del de un pozo, aunque más aparente.
  Permanece dentro del Complejo Recreativo Gavilán y esta posición significa uno de los mejores sitios desde los que se contempla la torre de la iglesia, que es un alto igual que la atalaya a la que va la gente a pasear.
  En el césped de las instalaciones deportivas, semejante a las cebadas que nacen allá por mayo en los entornos del pueblo, hay un sauce llorón que, con sus ramas lagrimadas, sería capaz de llenar la piscina. El otro lugar de reposo para las aguas es el Tariego, un arroyo desordenado que rodea las casas a la distancia suficiente.
  Las piedras son pocas. Una es la peña del parque sobre la cual edifican su hoja caduca los chopos. En el término de la villa se encontraron unas cuantas que hacen suponer que durante el paleolítico superior ya existían fuentelapeñinos. Ahora las hachas sirven para el cortado de la leña, antiguamente para cualquier labor, incluida la de mondadientes; los bifaces garantizan una población viviente de la caza y de la cosecha lo mismo en verano que durante el baldadero. En invierno el hielo balda, no en el sentido de cansar, sino de enfriar. Disponer de un léxico propio convierte la desordenación del significado en dialecto.

  Orígenes variados
  Limítrofe está Cañizal. El primer asentamiento, a diferencia, se le imagina en el alto medievo. Hay cerámica tardorromana; los asentamientos duraron desde el siglo quinto al décimo.
  En cada distrito, dentro de la misma comarca, hay un origen alternativo. En Guarrate tenemos la presencia de un castro celta seguido de otro árabe, de los que ningún resto se conserva. Dentro de Argujillo las primeras viviendas se habrían levantado hace dos mil años.
  En el presente de Fuentelapeña cabe todo dentro de la recolección. Hay corrales con gallos y gallinas. Un hombre separa con el cayado la paja de la traspuesta, no busca la espiga, busca huevos. La jaula recuerda por sus barrotes con adorno la de la catedral de Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja, donde viven gallo, gallina y, cuando dios quiere –en deferencia al santo lugar-, polluelos. «¿Se le mueren muchos ejemplares?». «No, cómo se van a morir». «De viejos». «Alguna vez, hay tantos que alguno tiene que morir».
  El dueño no entierra sus cuerpos. Le informo de que en la catedral riojana dan a las aves cristiana sepultura y se ríe, no me cree. A continuación le pregunto si sus huevos tienen propiedades milagrosas y responde que, al cascarlos, salen los huevos ya fritos. Los de Santo Domingo también tienen poderes. Es el motivo por que no los venden y se los llevan a los enfermos. El tío se parte de risa: «¿Y se curan?». Eso ya no lo sé. «Todavía si al cascarlos salieran ya fritos».

El piedemonte se convierte en mirador Espirdo / Segovia

Agua, jalón entre las hojas Molinos de Codesal / Zamora

Un par de cuernos de León Suárbol y Balouta / León

Pinos piñoneros enseñan el valle Sacedón / Valladolid

Ensayo de la piedra y el centro Fuentelapeña / Zamora

Remanente salpicado contra el olvido Laguna de Boada / Palencia

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